Si lees cualquier historia de los videojuegos, te dirá que el primer easter egg de la historia (ya sabes, esas sorpresas metidas en el código que hay que buscar específicamente o encontrar por pura casualidad) es en el juego Adventure. No es para menos: en 1980 la industria no se veía como un arte. Y si no es un arte, a nadie le importaba quién lo hubiera programado, más allá de a cuatro fans que lo leían en las revistas de informática, muy amateur por aquel entonces. Pero Warren Robinett quiso cambiarlo todo y dejar su nombre en la posteridad. Y vaya que si lo hizo.
Manda huevos (de Pascua)
Adventure era un juego, visto ahora, terriblemente simple: tu personaje estaba representado por un cuadrado que, yendo a través de 30 habitaciones distintas, se enfrentaba con monstruos en su ansia por recuperar un cáliz robado. Sin embargo, vendió más de un millón de cartuchos, está considerado como uno de los juegos más influyentes de la historia y solidificó el éxito de Atari 2600. Eso sí, para cuando salió a la venta, Robinett ya estaba fuera de la empresa: al fin y al cabo, detrás de este leonino método que anteponía el anonimato, lo que se buscaba era que ninguna otra empresa contratara a sus trabajadores.
Como es probable que sepas, Robinett se las apañó para crear una habitación en la que se podía leer “Created by Warren Robinett”. Muchos consideran que este fue el primer easter egg de la historia de los videojuegos, pero la verdad es que solo tiene la fama de serlo: el récord es de un juego de siete años antes, una aventura que trataba de replicar la llegada del hombre a la luna llamada Moonlander, la versión con gráficos de la aventura de texto Lunar Lander, allá por 1973.
Jack Burness, su creador, tardó diez días en montar el juego, que se manejaba con un “lápiz de luz” (un concepto informático de los 70 increíblemente similar a nuestras pantallas táctiles) en el que podías ajustar el ángulo y la caída del módulo luna, que podía caer bien en la luna, salirse y volar por la estratosfera o estrellarse contra la superficie. O quizá… ¿Había algo más? Si el jugador volaba su nave de manera suficientemente horizontal, en un primer plano podían encontrarse con un McDonald’s, que el restaurante podía visitar después de aterrizar o incluso destruir si caía encima. I’m loving it, supongo.
Hamburguesa de astronauta
Con el tiempo, este McDonald’s lunar se ha convertido en todo un hito de los videojuegos, y hay quien ha querido homenajearlo años después. Cuando Djuncan y Jeremy Frieser, dos streamers holandeses, mostraron en sus vídeos dos códigos secretos que formaban el número “1973”, las primeras 12 personas que lo introdujeron en una web especial creada por la empresa de comida rápida pudieron conocerles en la TwitchCon. Pero había más.

Utilizando el primer easter egg de la historia como excusa, una empresa de publicidad montó una campaña en todo el país donde se podían encontrar tesoros escondidos en la app de McDonald’s… Y los chavales podían jugar al juego, de muchos años antes de que nacieran. Y eso que, hoy por hoy, lo de los “easter eggs” es algo que no solo damos por hecho, sino que, además, esperamos ver en nuestros videojuegos. Al fin y al cabo, ¿qué es el Código Konami sino un easter egg? ¿Y probar a golpear varias veces algo que suena raro en un Zelda para ver qué es lo que ocurre? Lo malo es saber que Link nunca se va a ir a tomar una Big Mac después de sus aventuras. Bueno, al menos hasta que Nintendo tenga necesidad.