Elon Musk ha presentado una demanda contra Sam Altman y OpenAI, alegando que la empresa se aprovechó de su preocupación humanitaria respecto a los peligros de la inteligencia artificial. En el inicio del juicio, Musk se posiciona como el defensor de una causa altruista, argumentando que la transición de OpenAI a una entidad con fines de lucro traicionó los objetivos originales de su fundación.
Al jurado no le gusta Musk
Durante el proceso de selección del jurado, varios miembros expresaron opiniones negativas sobre Musk, lo que añade una complicación a la estrategia legal de su equipo. La jueza Yvonne Gonzales Rogers, a cargo del caso, admitió que no es fan de Musk, pero subrayó que esta percepción no interferiría con la justicia del procedimiento. De hecho, algunos jurados lo describieron de manera contundente, uno de ellos refiriéndose a él como “un pedazo de basura avaro, racista y homofóbico”.
La defensa de OpenAI sostiene que la demanda surge porque Musk no lograba el apoyo que deseaba en la empresa y que, en 2017, él mismo propuso convertir OpenAI en un negocio con fines de lucro, un intento que fue rechazado por los fundadores. Según el abogado de OpenAI, William Savitt, Musk solo está en esta disputa porque “no obtuvo lo que quería”, sugiriendo que su demanda es consecuencia de una lucha de poder interna.
Musk comparecerá como testigo en el juicio, el cual se prevé que dure varios meses antes de llegar a una resolución significativa. La conclusión del caso podría ser problemática para la sociedad en general, ya que el desencadenante de la controversia es un tema de gran relevancia: el futuro de la inteligencia artificial y sus implicaciones éticas.