Puede que no haya ninguna saga como Star Trek. Nacida en 1966, seis décadas después continúa entrando con fuerza y conquistando a nuevos fans llegando siempre donde ningún hombre había llegado antes. Y el mérito se le suele dar exclusivamente a Gene Roddenberry, que ideó la serie original. Pero las cosas nunca son tan fáciles: Roddenberry tuvo que patearse todos los estudios de televisión del momento y solo se llevó negativas continuas. De hecho, CBS pasó de ella para darle su puesto en la programación a Perdidos en el espacio y NBC solo aceptó porque rebajaron la temática de ciencia-ficción y les prometieron que tendría tintes de western. Pero, realmente, hay otra persona aún más importante que Roddenberry en esta historia: Lucille Ball.
I love Spocky
Para rastrear los inicios de Star Trek hay que irse hasta 1951, cuando Estados Unidos conoció a (y se enamoró de) Lucille Ball o, como se la conoció durante años, Lucy. La cómica protagonizó 180 episodios de I Love Lucy, una de las sitcoms primigenias y probablemente la más exitosa de la historia: incluso ahora, tantos años después, sigue sumando 40 millones de espectadores anualmente. La sitcom mostraba la historia de amor entre Lucy y Ricky, o lo que es lo mismo, entre Lucille Ball y Desi Arnaz, pareja dentro y fuera de la pantalla (más tormentosa en la vida real, todo sea dicho).
La serie estaba creada por la propia productora de los actores, Desilu, que siguió llamándose así a pesar de que, en cuanto acabó, se divorciaron. Arnaz dejó su puesto presidente en 1962, que lo cogió su ya ex-mujer, que estaba dispuesta a hacer muchísimos cambios con el dinero y la fama que le había dejado I Love Lucy. Sin embargo, todo lo que creaba fallaba, excepto los derivados de su serie, como The Lucy Show. Sin embargo, justo el año antes de vender su empresa a Gulf+Western, la actriz, estrella y empresaria consiguió encajar dos éxitos seguidos: Misión Imposible y, por supuesto… Star Trek.
Dicho sea de paso: a Lucille Ball le daba absolutamente igual Star Trek y no estaba familiarizada con su trama ni con lo que querían hacer, pero sin su presencia al frente jamás se habría aprobado y vendido un proyecto como este. Lo inesperado fue que estuvieron a punto de cancelar la serie justo antes de emitir su primer episodio, porque en Desilu, que bordeaba la bancarrota, tenían miedo de pasar de series de media hora a dos de una hora especialmente caras. Herbert F. Sollow, el director de producción, pudo convencer a Ball de seguir apostando por ellas, y viendo que seguimos hablando de ambas hoy en día se puede decir que acertaron de pleno.
Dicho sea de paso: la serie nunca estuvo destinada al triunfo, y estuvieron a punto de cancelarla en 1967, si no fuera porque su público mayoritario eran jóvenes, exactamente el que buscaban las empresas publicitarias. El resto ya os lo sabéis: Rodenberry acabó haciéndose de oro con Star Trek y, aparte de cinco películas de las que nadie se acuerda, el resto de su vida estuvo dedicada a la Enterprise de mil y una maneras distintas.
Por su parte, Lucille Ball ha pasado a la historia como la primera gran empresaria de la industria, que no dejó de trabajar hasta muy poco antes de su muerte, en 1989. De hecho, en 1986 estrenó Life with Lucy, una nueva entrega de su personaje, ya como abuela de 74 años. Toda una vida dedicada a la televisión, a la comedia y, por qué no decirlo, a hacer que Star Trek viera la luz. Una grande.