La industria del cine ha enfrentado uno de sus desafíos más críticos en los últimos años, marcado por salas vacías y el auge del streaming, especialmente durante la pandemia. En medio de este caos, Sony se encontró con una película de 100 millones de dólares que, debido a su concepto creativo arriesgado, parecía destinada al fracaso. Consciente de la magnitud del riesgo, la compañía decidió deshacerse de la producción a través de un acuerdo con Netflix, que se encargaría de cubrir los costos de producción y obtener todos los derechos de explotación.
Un éxito difícil de prever
Lo que Sony no esperaba era que K-Pop Demon Hunters, la película en cuestión, se convirtiera en un fenómeno inesperado. Desde su lanzamiento, alcanzó más de 236 millones de visualizaciones y generó 19.2 millones de dólares en Estados Unidos y Canadá, además de contar con una banda sonora que ha sido bien recibida tanto en el mercado occidental como en países como Corea del Sur. Este sorprendente éxito ha dejado a muchos ejecutivos de Sony lamentando la decisión de ceder derechos sobre una franquicia que, ahora, vale miles de millones.
En respuesta a la popularidad del film, Netflix ya planea una expansión del universo de K-Pop Demon Hunters. Esto incluye la posibilidad de secuelas y la creación de productos de merchandising, como sobres de ramen y figuras Funko, lo que podría convertir la franquicia en un lucrativo negocio. Aunque la situación inicial parecía presentar a Sony como una víctima de su propia decisión, la compañía podría beneficiarse a nivel creativo si se llega a un acuerdo con Netflix para seguir desarrollando el proyecto.
Así, lo que comenzó como un intento por mitigar pérdidas ha resultado ser una segunda oportunidad para Sony, que ahora tiene ante sí la posibilidad de capitalizar el éxito de una película basada en un concepto que, en su momento, era considerado poco prometedor.