Funko, la popular empresa de figuras coleccionables, enfrenta una grave crisis financiera que ha generado preocupaciones sobre su viabilidad operativa futura.
Con una deuda total de 241 millones de dólares y apenas 39,2 millones en reservas de efectivo, la compañía reconoce en su último informe trimestral que existen “dudas sustanciales” sobre su capacidad para continuar operando en el corto plazo.
Las pérdidas acumuladas superan los 41 millones de dólares solo en el segundo trimestre de 2025, y aunque en el tercer trimestre se reportaron pérdidas menores a un millón, esta cifra contrasta drásticamente con los 8,9 millones de beneficios obtenidos en el mismo periodo del año anterior. Las ventas también han sido impactadas, cayendo de 292,8 millones a 250,9 millones en un año, lo que representa una disminución del 14%.
Un exceso de oferta y una demanda que no deja de caer
La sobreproducción ha sido uno de los principales factores detrás de esta crisis. Durante años, Funko ha fabricado más figuras de las que el mercado puede absorber, creyendo que la demanda sería infinita.
En 2023, la compañía destruyó entre 30 y 36 millones de dólares en inventario excedente. Esto no solo ha elevado su deuda, sino que también ha afectado a los coleccionistas, quienes un día esperaron que sus figuras se revalorizaran, pero ahora ven cómo sus precios han caído drásticamente.
Además, se estima que entre 1,4 y 3 millones de figuras de vinilo han sido enviadas a vertederos, lo que plantea serias preocupaciones ambientales, dado que el PVC, material del cual están hechas, no es biodegradable. Esta situación recuerda a la burbuja de los Beanie Babies, un fenómeno de coleccionismo que también estalló tras años de acumulación.
Con la creciente incertidumbre sobre su futuro, Funko se encuentra en un momento crítico, donde la reestructuración de su modelo de negocio podría determinar su continuidad en el competitivo mercado de los coleccionables.
