Mickey Mouse fue prohibido en Rumanía por el motivo más absurdo posible: su altura

Es, probablemente, el personaje de dibujos animados más reconocible de la historia desde su debut en 1928, y ha acompañado a Walt Disney a lo largo de casi un siglo de vida. Mickey Mouse ha protagonizado cientos de cortos, series, películas, cómics, videojuegos y parodias. Incluso en 1942, de manera totalmente ilegal, Hors Rosenthal, un preso del campo de concentración de Gurs dibujó un pequeño tebeo contando, con el ratón como protagonista y prisionero de los nazis, la vida alrededor del mismo. Rosenthal no sobrevivió al exterminio, pero el cómic sí, y fue publicado finalmente en 2014 como manera de no olvidar la historia. Porque Mickey es mucho más que un simple ratón de dibujos animados: también, no lo olvidemos, es un icono.

¡Oh, no, un ratón gigante!

Uno puede pensar que Mickey Mouse jamás habrá sufrido censura de ningún tipo, ¿no? Al fin y al cabo es solo un animal animado que conoce todo el mundo, algo pícaro pero con buen corazón. Solo el Pato Donald puede enfadarse con él. ¿O no? Lo cierto es que a lo largo de la historia ha dado para todo. Por ejemplo, el régimen nazi le aborrecía, sobre todo después de un cortometraje donde se enfrentaba con gatos que llevaban cascos alemanes.

Es más: un periódico llegó a hablar de él como “el ideal más miserable que jamás ha existido. ¡Una rata sucia y cubierta de suciedad, el mayor portador de bacterias de todo el reino animal, no puede ser el tipo ideal de animal. ¡Abajo con Mickey Mouse! ¡Llevad la esvástica en su lugar!”. De hecho, no fueron los únicos que durante la II Guerra Mundial acabaron de morros con Mickey y con Disney: en Italia, donde era tremendamente popular con el nombre de Topolino, se prohibió al entrar en guerra con Estados Unidos. ¿La solución? Bueno, la que se les ocurrió.

En 1942 nació Tuffolino. O sea, Topolino pero con forma humana. El personaje, de hecho, nació en el remake de un cómic de Mickey Mouse titulado Tuffolino, agente de publicidad, donde quedaba claro que incluso sus amigas, Mimma y Clara, no eran más que versiones humanizadas de Minnie y Clarabella. Es más: Tuffolino llevaba la misma ropa que Mickey y del mismo color. Un pequeño gran desastre del que solo se llegaron a publicar tres historias antes del retorno triunfal del ratón: Tuffolino en vacaciones, Tuffolino y el arqueólogo y Tuffolino y el pimiento explosivo. Por suerte, nunca se volvió a saber de él.

Lejos de Italia, en Rumanía, Mickey se enfrentó con otra prohibición mucho más grotesca, mucho peor, mucho más divertida. Corría el año 1935 y el gobierno del país decidió proteger a los niños de cualquier representación del ratón: no por sus enseñanzas malignas o sus golpetazos constantes, sino por miedo a que su apariencia, que consideraban fea y poco atractiva, les causara pesadillas por las noches. Al fin y al cabo, antes los cortos del ratón se proyectaban en un cine, ¿y quién no tendría miedo de un ratón al mismo tiempo enano pero de diez metros de altura?

Por supuesto, no preguntaron en absoluto a los niños. Y lo cierto es que no volvió enseguida tras unos ridículos días de prohibición: tuvieron que pasar varios años hasta que, varios regímenes después, la democracia llegara al país en 1989 y, con ella, Mickey Mouse. De manera oficial, al menos: los niños ya le conocían de sobra gracias al mercado negro. Efectivamente, ninguno de ellos estaba asustado y Mickey Mouse acabó convirtiéndose, una vez más, en un icono. Si no me crees, intenta ir un día a Disney World y no comprarte nada que tenga dos orejas gigantes. ¿A que no puedes?