Si hoy por hoy quieres saber qué tal está un juego es tan fácil como meterte en Internet, buscar mil y una reviews, opiniones en foros, vídeos de YouTube e incluso directos en Twitch. Es imposible no saber si un título está hecho para ti. Sin embargo, hace treinta años no era tan fácil y si querías saber cómo era un juego de Nintendo o de Sega, más valía que te compraras la Hobby Consolas y, quizá, con suerte, viniese un VHS promocional. Y eso es lo que pasó en la Navidad de 1992.
¡Feliz novedad!
Normalmente, los vídeos promocionales de futuros videojuegos estaban más o menos trabajados pero eran eso: un simple catálogo de lo que estaba por llegar. Pero en 1992 la cosa cambió gracias a ‘¡Felices novedades!’, un VHS que vino con el número 15 de Hobby Consolas. Por hacernos una idea, en aquel entonces la portada estaba copada por ‘World of illusion’ y ‘Super Mario Land 2’, y su anuncio estrella era la Super Nintendo por 16.990 pesetas (un poco más de cien euros).
El vídeo, patrocinado por ERBE, que en aquel entonces tenía los derechos de Nintendo en España, mostraba una especie de episodio perdido de la serie ‘Super Mario World’. Tanto, que claramente estaba formado por distintos episodios cortados y doblados por encima con la voz de Jordi Estadella haciendo de un Mario italiano que decía cosas en un idioma claramente roto e “inventadini”.
Los juegos que se mostraban eran tanto del catálogo de Game Boy como de Super Nintendo, y entre ellos se encontraban ‘Tiny Toons’, ‘Castlevania II’, ‘Megaman II’, ‘Street Fighter II’ o ‘Super Mario Kart’ (con un “¡Super retrovisor para comprobar lo que se te viene encima!”). Finalmente, Mario y Yoshi conseguían vencer a los Koopas y recuperar los juegos, no sin antes advertir de que el Club Nintendo, una línea a la que podías llamar y te daba consejos para pasarte pantallas complicadas, seguía activo.
El tiempo pasó, Hobby Consolas cerró, los VHS fueron sustituidos por el DVD y el Blu-Ray, pero en estos tiempos navideños, a punto de acabar el año, siempre es bonito refugiarse en 18 minutos de nostalgia absurda que en aquel momento nos parecía la repanocha. ¡Mamma mía!