Es una de las grandes joyas de los años 80: Robocop no solo es una película hiperviolenta y ultrasangrienta. Además, es un testimonio del cine de Paul Verhoeven, siempre malvado, siempre político, siempre contando más de lo que parece a priori. Robocop, en particular, que hizo justo antes de Desafío Total e Instinto Básico, era una sátira fantástica de la sociedad moderna, de la justicia y del cuerpo de policía que, por supuesto, fue calificada en Estados Unidos como “R”, o sea, exclusivamente para mayores de 18 años. No es que les importara demasiado.
Tiene derecho a permanecer muerto
Verhoeven estaba tan seguro de su película que llegó a afirmar que el montaje que directamente no hubiera podido mostrarse en cines convencionales (calificado como X) hacía reír a sus hijos pequeños. Sin embargo, el organismo que califica las películas por edades no dudó ni un momento: los niños debían mantenerse lejos de Robocop. Pero claro, recaudó 53 millones de dólares y los niños no pudieron evitar ver los anuncios en televisión y los pósters por la calle: adoraban a Robocop, era icónico y magnético. Y eso que se trataba, efectivamente, de una película que tenían prohibida ver.
En 1988, un año y pico después del estreno, Marvel, que estaba lanzando series a cascoporro y haciéndose con el liderazgo de la ansiada franja infantil de los sábados por la mañana, se alió con Orion para hacer y emitir una serie de animación de Robocop para niños que se emitiría junto a reposiciones del Spider-man de 1981, Dino-Riders o Dragones y mazmorras en un contenedor infantil que se dio en llamar Marvel Action Universe. La participación de Marvel no es baladí: ya publicó una adaptación de la película en 1987 y lanzaría una colección desde 1990 a 1992 con nuevas aventuras del policía robótico.
Obviamente, la serie tuvo que cambiar muchas, muchísimas cosas para poder emitirse en horario familiar, desde cambiar las balas por rayos láser hasta evitar la muerte de Clarence Boddicker. De hecho, cada episodio era una aventura sin continuidad y los fans consideran que ocurría en un universo alternativo donde ocurrieron situaciones similares a las de la película, pero al mismo tiempo totalmente distintas. Por ejemplo, en el episodio 4 Robocop se enfrentaba a una banda criminal similar al Ku-Klux-Klan llamada “la Hermandad” que iban a destruir los robots de Detroit y en el 11 investigaba a una fábrica que estaba contaminando el medio ambiente. Si algo hace Robocop, de toda la vida, es preocuparse por nuestro bienestar.
En total, la serie iba a tener 13 episodios, pero se quedó en 12. No fue por falta de presupuesto, sino porque Marvel decidió utilizar el dinero de un capítulo en hacer un piloto de los X-Men, Pryde of the X-Men, que se emitió en 1989 pero no siguió adelante. Eso sí, fue una piedra angular a la hora de crear la famosa serie de X-Men de los años 90 que se continuó en Disney+ el año pasado. Y puede que nada de esto hubiera ocurrido si no fuera por el sacrificio de Robocop. Tampoco es que nadie echara ese episodio en falta, la verdad.
No creas que aprendieron cuál era su target: en 1994, después del lanzamiento de la más infantil Robocop 3, lanzaron una serie juvenil de acción real con un robot que ya no mata y en la que el tono crítico había bajado notablemente. Además, tanto en 1998 como en 2001 se lanzaron otras dos series basadas en la película, la primera infantil y la segunda satírica y adulta. Y es que un concepto tan potente como este no puede morir tan fácilmente.