La peor pesadilla de los padres tendrá película. Su reparto de voces es absolutamente increíble

Si quieres ver cómo la cara de unos padres cambia de la alegría a la extenuación, solo tienes que pronunciar una palabra: CoComelon. El canal de YouTube tiene 200 millones de suscriptores y suma 220.000 millones de visualizaciones, o lo que es lo mismo: un absoluto imperio del entretenimiento infantil protagonizado por bebés. Los especialistas afirman que los niños no tendrían que verlo, los niños se quedan enganchado cada vez que salen y Hollywood, por supuesto, ha visto un filón.

Y e’ que tú ere’ mi bebé, tú ere’ mi bebé

Tras 20 años y una cantidad ingente de cortos, el segundo canal de YouTube más visto del mundo finalmente tendrá su propia película. Imagina una sala de cine poblada por el público habitual de CoComelon: sí, efectivamente, esa es una gota de sudor cayéndote por la frente. La fecha de estreno es el 19 de febrero de 2027, y promete una “épica aventura” que… bueno, tendremos que ver hasta qué punto cumple las dos afirmaciones.

Ahora sabemos que Cocomelon: The Movie tendrá como protagonistas a SZA, Nicholas Hoult y Sarah Sherman, que se unirán a un reparto que también tendrá (obviamente) las voces típicas de la serie de televisión. El estreno coincidirá, curiosamente, con el paso a Disney+ el año que viene, porque al streamer no le valía con tener Bluey: ha salido directa a conquistarlo absolutamente todo.

Según la sinopsis de la propia película, CoComelon “invita a las familias a ir más allá del mundo de CoComelon que conocen, siguiendo a JJ, sus amigos y un nuevo reparto de personajes en un viaje cinematográfico repleto de música original y rica narrativa”. Verle debe ser uno de los mejores anticonceptivos posibles, sinceramente.

Durante la II Guerra Mundial, los soldados tuvieron su propio Bugs Bunny que solo duró dos años antes de desaparecer para siempre

La II Guerra Mundial cambió la historia para siempre. No solo por lo obvio (la geopolítica nunca volvió a ser la misma, sus consecuencias aún se notan hoy en día), sino incluso en el audiovisual. Hay que tener en cuenta que había un buen puñado de productoras que iban viento en popa en Estados Unidos y, al parar en seco, nunca volvieron a ser las mismas, y lo mismo pasó con industrias como la del cómic, que se renovó por completo tras la contienda. En estos años, se desayunaba, comía y cenaba guerra. Y, por supuesto, afectó incluso a los dibujos animados.

El soldado metió la pata

Ya en 1938, Disney y Warner empezaron a realizar cortometrajes sobre la guerra donde, por ejemplo, podíamos ver a Porky movilizando a sus tropas contra un malvado “ducktator”, pero lo gordo llegó a partir del año siguiente, cuando todo comenzó de manera oficial. Todo el mundo utilizó los dibujos animados a su favor, desde Alemania hasta la URSS pasando, por supuesto, por los Estados Unidos. El Pato Donald llegó a convertirse en nazi por un día en el magnífico Der Fuehrer’s Face, Bugs Bunny bombardeó a los japoneses y el Pato Lucas fue a Berlín para luchar contra el mismísimo Hitler. Pero no es esto lo que nos interesa.

El 28 de junio de 1943, en lo más duro de la contienda, se estrenó el primer cortometraje de un personaje creado ad hoc por el mismísimo Frank Capra, y donde también colaboraron leyendas como el Dr. Seuss, Munro Leaf o Mel Blanc, que le dio voz. Se trataba del Soldado Snafu, un nombre que parece puesto al azar, pero se trataba realmente de un acrónimo utilizado por los americanos durante la guerra: “Situation normal: all fucked up” (“Situación normal: todo está jodido”). Estos cortos se proyectaron exclusivamente para los soldados y su idea era mostrar a los analfabetos cómo debían proceder en diversas situaciones.

Snafu era torpe, idiota y muy, muy popular entre los soldados rasos. Y en cada episodio metía la pata de mil maneras distintas, desde no ponerse una vacuna necesaria hasta contarle planes secretos a desconocidos. Obviamente, no estaban dirigidos a niños, por lo que a día de hoy puede chocar mucho el lenguaje que se utiliza y algunas de las situaciones que le vemos protagonizar. ¡Ni siquiera nadie sabía si se llegarían a ver fuera del ejército!

En total, Warner hizo 24 cortometrajes, con cameos del Pato Lucas o Bugs Bunny, que duraban algo más de cuatro minutos y mostraba las vicisitudes de Snafu ante problemas como la malaria, las bombas o las máscaras de gas. Son impresionantes de ver (al fin y al cabo, se hicieron durante la Edad Dorada de Warner), tienen gags fascinantes y, por suerte, todos pueden conseguirse fácilmente tras desclasificarse por parte del gobierno americano. Porque sí, claro, se consideraron material sensible durante años.

Snafu fue el más famoso, pero no fue el único personaje de dibujos animados que proyectaron a los soldados durante aquella época. De hecho, hubo otros como Mr. Hook (que incitaba a comprar bonos de guerra) o el Soldado McGillicuddy (que también estaba doblado por Mel Blanc). Todos ellos desaparecieron al final de la guerra, aunque Snafu, que ha llegado incluso a proyectarse en museos, sí ha hecho cameos en series meta como Animaniacs. Bueno, de hecho estuvo incluso a punto de tener familia: Tarfu (acrónimo de “Things Are Really Fucked Up”) hizo un solo cortometraje cuando la guerra estaba a punto de terminar. Las matanzas indiscriminadas con dibujos animados duelen menos, parece ser.

‘Robocop’ fue adaptada en una serie infantil, a pesar de que los niños no podían ver la película

Es una de las grandes joyas de los años 80: Robocop no solo es una película hiperviolenta y ultrasangrienta. Además, es un testimonio del cine de Paul Verhoeven, siempre malvado, siempre político, siempre contando más de lo que parece a priori. Robocop, en particular, que hizo justo antes de Desafío Total e Instinto Básico, era una sátira fantástica de la sociedad moderna, de la justicia y del cuerpo de policía que, por supuesto, fue calificada en Estados Unidos como “R”, o sea, exclusivamente para mayores de 18 años. No es que les importara demasiado.

Tiene derecho a permanecer muerto

Verhoeven estaba tan seguro de su película que llegó a afirmar que el montaje que directamente no hubiera podido mostrarse en cines convencionales (calificado como X) hacía reír a sus hijos pequeños. Sin embargo, el organismo que califica las películas por edades no dudó ni un momento: los niños debían mantenerse lejos de Robocop. Pero claro, recaudó 53 millones de dólares y los niños no pudieron evitar ver los anuncios en televisión y los pósters por la calle: adoraban a Robocop, era icónico y magnético. Y eso que se trataba, efectivamente, de una película que tenían prohibida ver.

En 1988, un año y pico después del estreno, Marvel, que estaba lanzando series a cascoporro y haciéndose con el liderazgo de la ansiada franja infantil de los sábados por la mañana, se alió con Orion para hacer y emitir una serie de animación de Robocop para niños que se emitiría junto a reposiciones del Spider-man de 1981, Dino-Riders o Dragones y mazmorras en un contenedor infantil que se dio en llamar Marvel Action Universe. La participación de Marvel no es baladí: ya publicó una adaptación de la película en 1987 y lanzaría una colección desde 1990 a 1992 con nuevas aventuras del policía robótico.

Obviamente, la serie tuvo que cambiar muchas, muchísimas cosas para poder emitirse en horario familiar, desde cambiar las balas por rayos láser hasta evitar la muerte de Clarence Boddicker. De hecho, cada episodio era una aventura sin continuidad y los fans consideran que ocurría en un universo alternativo donde ocurrieron situaciones similares a las de la película, pero al mismo tiempo totalmente distintas. Por ejemplo, en el episodio 4 Robocop se enfrentaba a una banda criminal similar al Ku-Klux-Klan llamada “la Hermandad” que iban a destruir los robots de Detroit y en el 11 investigaba a una fábrica que estaba contaminando el medio ambiente. Si algo hace Robocop, de toda la vida, es preocuparse por nuestro bienestar.

En total, la serie iba a tener 13 episodios, pero se quedó en 12. No fue por falta de presupuesto, sino porque Marvel decidió utilizar el dinero de un capítulo en hacer un piloto de los X-Men, Pryde of the X-Men, que se emitió en 1989 pero no siguió adelante. Eso sí, fue una piedra angular a la hora de crear la famosa serie de X-Men de los años 90 que se continuó en Disney+ el año pasado. Y puede que nada de esto hubiera ocurrido si no fuera por el sacrificio de Robocop. Tampoco es que nadie echara ese episodio en falta, la verdad.

No creas que aprendieron cuál era su target: en 1994, después del lanzamiento de la más infantil Robocop 3, lanzaron una serie juvenil de acción real con un robot que ya no mata y en la que el tono crítico había bajado notablemente. Además, tanto en 1998 como en 2001 se lanzaron otras dos series basadas en la película, la primera infantil y la segunda satírica y adulta. Y es que un concepto tan potente como este no puede morir tan fácilmente.

Nadie conoce esta serie de Netflix, pero es una de las mejores en su catálogo, mezcla de nostalgia y de humor absurdo

Si te preguntan por la mejor serie de Netflix, ¿cuál dirías? ¿Stranger Things, quizá? ¿El juego del calamar? ¿O quizá una producción más modesta, como A los gatos ni tocarlos, Tiger King o Paquita Salas? Olvídate: hay una que no has visto, pero en cuanto lo hagas se va a situar en los primeros puestos de tu top. Nunca has visto nada igual que su humor idiota, su ambiente nostálgico y su trama enfermiza. Son solo ocho episodios, y te van a poner los ojos como platos, prometido. ¿Esperabas otra cosa de algo llamado Saturday Morning All-Stars Hits?

Uh… Subs?

La serie completa se estrenó el 10 de diciembre de 2021, en la era en la que Netflix estaba experimentando y permitía a nuevos creadores hacer lo que les diera la gana, y ese ambiente libre se nota en cada uno de sus poros. Eso sí, necesita paciencia, porque los primeros episodios son simplemente una cómica parodia de los 80 con trozos de series de animación que se ríen abiertamente de Denver, el último dinosaurio, Los osos amorosos o Las Tortugas Ninja. Pero, a medida que SMASH continúa emitiéndose, se va volviendo más y más turbio, con un sentido del humor negro como el carbón con el que harás clic en “Siguiente Episodio” en cuanto tengas la oportunidad.

La serie recrea distintos programas matutinos de sábado, y cómo va evolucionando la relación entre sus dos presentadores, los hermanos Skip y Treybor, que empiezan siendo colegas y acaban volviéndose enemigos acérrimos a lo largo del camino. Eso sí, el ritmo frenético y la narrativa deudora de YouTube, TikTok y los vídeos virales en general hacen que no pierda la chispa, el ritmo ni ese aire underground en ningún momento. Además, a partir del episodio 4 la serie empieza a contar, de fondo, otra historia: la de una adolescente desaparecida. Y la cosa se vuelve aún más turbulenta.

El creador, guionista y actor principal (de ambos hermanos y más personajes) es Kyle Mooney, que por aquel entonces estaba en su última etapa del Saturday Night Live y que ya hizo la película -igualmente rara, pero igualmente fascinante- Brigsby Bear. Mooney nació de la mejor tradición del humor estadounidense, y en un tiempo de sitcoms clónicas y humor cuidado hasta el milímetro para gustar a todo el mundo, es un gustazo ver que pueden existir series como SMASH. Aunque, eso sí, no todo el mundo va a pillarlo a la primera.

Netflix Smash!

Si tuviera que calificar Saturday Morning All-Star Hits sería como “post-televisión”. Televisión consciente de sí misma, capaz de jugar con sus códigos y con la metanarrativa, que puede dar saltos de tono entre los distintos episodios, narrando una historia-río que se sabe autocontenida, pero también única, una rara avis que tiene su valor como serie cómica, pero también como pieza artística. Y viniendo de una Netflix que no siempre cuida sus productos hasta este límite.

Es cierto que SMASH nunca va a aparecer en las listas de lo mejor de Netflix, superada por otras comedias como BoJack Horseman, Yo Nunca, American Vandal o Love, pero quizá debería abrirse paso. Porque ya tenemos muchas series que juegan a lo fácil, hemos visto decenas de productos que solo pueden ser originales hasta un punto, y nunca explotan toda su rareza, su razón de ser, su ADN más primitivo. Esta sí que lo consigue: no se deja nada en el tintero, cuenta todo lo que quiere, por bruto, bestia y extraño que sea. Y le honra no pretender en ningún momento dirigirse a todos los públicos.

¿Cuándo fue la última vez que viste algo que realmente sintieras especial? ¿Recuerdas la sensación de ver una serie y pensar “Nunca he visto nada parecido a esto”? Hazle un corte de mangas al algoritmo, a las listas y a las recomendaciones que siempre van a ir a lo más básico, a lo que mil millones de personas han señalado ya antes: dedica un fin de semana a ver Saturday Morning All-Star Hits, y no te amilanes tras sus primeros dos episodios. Ya me lo agradecerás después.

Aunque no te lo creas, hay una serie de Netflix que ha durado 8 temporadas (y un spin-off) hablando de salud sexual

Si por algo destaca Netflix es porque sus series van cayendo poco a poco en audiencia tras cada temporada hasta que el streamer las cancela a la chita callando. Es lo que le pasó, por ejemplo, a The Witcher o GLOW, y el probable destino de actuales bombazos como One Piece. No hay muchas que hayan pasado de las cinco temporadas, pero hay algunas, como Un lugar para soñar, La familia Upshaw o The Crown, que han logrado salir de esa cárcel por los pelos. Pero hasta ahora tan solo la española Élite, Voltron y otro par de series infantiles se alzaban como los títulos que más habían aguantado, con ocho temporadas cada una. Hasta ahora.

El monstruo de las audiencias

Si alguien te dice que en un lugar tan poco dado a la innovación y al riesgo como Netflix íbamos a acabar teniendo ocho temporadas (y dos de un spin-off) de una serie de dibujos animados para adolescentes y adultos sexualmente explícita, repleta de canciones sobre temas tabú y en la que los diseños son grotescamente feos, probablemente pensarías que está loco: ¿Cómo van a renovar algo así y no series como Mindhunter? Y sin embargo, ahí está Big Mouth para demostrar que lo raro, de alguna manera, siempre triunfa.

Big Mouth es la serie que me hubiera gustado ver como adolescente para entender muchas, muchísimas cosas sobre mí mismo y todos los que me rodeaban: a lo largo de sus 81 episodios la serie ha tratado cualquier problema adolescente relacionado con el sexo, desde los primeros escarceos hasta las erecciones involuntarias. Podría ser muy espinoso, pero al hacerlo desde el punto de vista desinhibido de unos chavales conscientes de estar en una serie y acompañados por “monstruos de las hormonas” que les obligan a hacer todo tipo de estupideces. Y todo ello entre canciones con un casting de personajes que podría asemejarse, salvando las distancias al de Los Simpson.

No es una comparación baladí: al fin y al cabo, tanto en Big Mouth como en Los Simpson hay decenas de personajes secundarios con una sola frase que, en cualquier momento, pueden adquirir protagonismo absoluto durante un episodio, y ninguna de las dos series teme hablar de temas importantes por mucho que sean, a priori, tabú para una gran parte del público. Pero claro, en lugar de salir una adolescente a hablarte sobre su primera menstruación, lo hace un dibujo cabezón mientras canta una canción sexualmente explícita en la que cantan desde los tampones hasta los propios genitales. ¿Cómo te vas a enfadar con una desvergüenza como esta?

Hasta siempre, bocazas

Puede que fuera una serie muy barata, o que de alguna manera resultara fiel entre su público cautivo, pero sea lo que sea ha sido suficiente para mantenerla en Netflix a lo largo casi de una década, desde 2018 hasta hace unos días, el 23 de mayo de 2025. Y, visto lo visto, nadie descarta otro spin-off como el que ya hicieron, Recursos Humanos, centrado en los “monstruos” y con un tono más adulto y, por decirlo de alguna manera, emotivo hasta un punto francamente inusual en Big Mouth.

Al final, eso es lo que hizo grande a esta serie tan pequeña: no saber nunca qué es lo que va a pasar, qué límites van a romper, hasta dónde pueden llegar. Aunque al principio fueran transgresores por los temas que trataban, una vez que el público se ha acostumbrado toca ir más allá, y ahí es donde Big Mouth, aún con sus idas y venidas, sus ascensos y sus caídas de calidad, ha dado en el clavo totalmente y ha marcado la senda para el futuro de las series de Netflix. Si quieres que algo triunfe no pienses en lo que quiere ver el público: piensa en lo que te gustaría ver a ti.

Big Mouth no solo ha batido un récord de duración en Netflix: ha demostrado, además, que parte de las acusaciones del público sobre la cancelación indiscriminada no son justas del todo. Si nos tuviéramos que fiar solo del “estándar de Netflix”, Big Mouth ni siquiera habría sido aprobada jamás. Y sin embargo, ahí está, se ha hecho mayor junto a nosotros. Porque pocas cosas nos gustan más a los adultos, para qué negarlo, que un buen chiste guarro.

Una empresa canaria ha decidido que es una buenísima idea hacer una serie de animación sobre Messi

Detrás de la animación y de la historia está Sony y, ojo, Atlantis Animation, una empresa situada en las Islas Canarias que se encargará de que la cosa llegue a buen puerto. Sabor patrio.

Durante una época, las series de dibujos basadas en personajes reales llenaban las mañanas de los niños en Estados Unidos. Episodios basados en los Harlem Globetrotters, The Monkees, Mike Tyson, Mister T, Los tres chiflados, Roseanne Barr, Jackie Chan o Gary Coleman han dado horas y horas de televisión de más o menos calidad que poco a poco se han ido diluyendo, dejando a los famosos como simples cameos en ‘Scooby Doo’. Pero Lionel Messi, siete veces ganador del premio de la UEFA al mejor jugador del mundo, viene dispuesto a resucitarlo.

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¿Qué mirás, bobo?

Lo más curioso es que el futbolista argentino no estará solo en su show, que se titulará ‘Messi y los gigantes’, con una historia que poco tiene que ver con su vida: a los 12 años, volviendo de un entrenamiento, un joven Lionel se mete en un videojuego y tiene que salir de ahí a través de diferentes desafíos gracias a la ayuda de un balón de oro. El eslogan, “En todo niño hay un héroe”. Más genérico imposible

Vamos, como ‘Dragones y mazmorras’ pero con uno de los futbolistas más famosos de la historia como protagonista encerrado en el mundo digital. Un isekai, si lo pensáis. Detrás de la animación y de la historia está Sony y, ojo, Atlantis Animation, una empresa situada en las Islas Canarias que se encargará de que la cosa llegue a buen puerto. Sabor patrio.

Se dice que ‘Messi y los gigantes’ se abrirá al multiverso y que destacará los valores morales de su protagonista (sí, el mismo que hizo viral la frase “¿Qué mirás, bobo?”) por encima de todo. Sinceramente, estas cosas no suelen salir muy bien, pero el jugador de fútbol es el ídolo de los niños, así que, ¿quién sabe? De momento, su teaser no nos adelanta nada. Ni tan siquiera la fecha de estreno.

Los que no disfrutamos del fútbol estamos, mientras tanto, viendo ‘Messi y los gigantes’ con la cara de las vacas mirando el tren, esperando a ver si al menos hay superpoderes de por medio más allá del poder de la amistad y la perseverancia. Que esos ya nos los sabemos.

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