Algunas películas son víctimas de su contexto. No es que estén mal, sino que no aparecen en el momento adecuado o tienen unas expectativas imposibles de cumplir. Esto pasa muy a menudo cuando hablamos de franquicias concretas donde se pretende cumplir ciertos estándares o ceñirse a determinados géneros o formas. Lo cual hace que, salirse de determinadas ideas, se piense como un fracaso.
Esto ocurrió a la primera y hasta hoy única película de Final Fantasy desconectada de cualquier videojuego. Y es que aunque fue vendida como todo un fenómeno, que lo fue, fracasó de forma estrepitosa tanto entre los fans de los videojuegos como entre quienes no lo eran. Y si bien hoy se la considera un desastre sin paliativos, es interesante volver a ella no para reivindicarla, sino para reivindicar una idea: es importante valorar las cosas en su contexto.
Un fracaso sin paliativos
Final Fantasy: La fuerza interior, dirigida por Hironobu Sakaguchi, se estrenó en julio de 2001 con gran fanfarria. Con un presupuesto de 137 millones de dólares, dirigida por el propio creador de la franquicia y con Square Enix habiendo creado una división de cine solo para esta película, se vendió como una revolución no solo para el videojuego, sino también para el cine. Y tenía motivos para ellos.
El primer motivo y más particular era sus gráficos. Vendiéndose como completamente hiperrealistas, eran un salto revolucionario en cuanto a la calidad de la animación. Con Square pretendiendo convertir a Aki Ross, la protagonista, en la primera actriz animada por ordenador completamente fotorrealista, su intención era que se convirtiera en una actriz por mérito propio que trascendiera a la propia película: que no solo apareciera en Final Fantasy, sino también en otras películas en diferentes roles, como cualquier actriz de carne y hueso.
Esto nunca llego a ocurrir porque la película fue un absoluto fracaso. No ingresando más que 85 millones en taquilla, ni siquiera se libro en términos de crítica: con un 44% en Rotten Tomatoes y un 49 en Metacritic, no es universalmente vilipendiada, pero está lejos de ser bien recibida.
Esto, junto con la historia de que en Square Enix decidieron alejar de cualquier proyecto de futuro a Sakaguchi hasta que dejó la empresa, ha llevado a la leyenda negra de que Final Fantasy: La fuerza interior fue un fracaso absoluto. Una película que no merece la pena revisitar ni ver por nada del mundo porque no hay nada reseñable en la misma. Pero la realidad es que, pasados más de 20 años, volver a verla es interesante porque demuestra hasta qué punto, con cierta distancia, es evidente que había cosas interesantes en la misma.
Su fuerza interior no era ser Final Fantasy
El mayor problema que tiene es llamarse Final Fantasy. Cualquiera que espere una historia como las de los videojuegos va a verse decepcionado. Esta es una historia de ciencia ficción relativamente convencional donde lo que hay de Final Fantasy son, de hecho, algunos elementos que mucha gente considerará accesorios: los cristales, los eidolon, la filosofía ecologista. Pero para Sakaguchi esa es la verdadera identidad de Final Fantasy como franquicia y nunca ha negado que es lo que buscaba retratar en todos sus juegos, incluida esta película.
Eso aparte, la película es espectacular. Visualmente es increíble aún hoy, algo que el famoso crítico Roger Ebert reconoció en su día y que podría resumir a la perfección la película: quizás mejorable en la trama sin ser nunca mala, siendo nunca menos que un absoluto prodigio en lo técnico. Especialmente en una Aki que, en palabras de Entertainment Weekley, “llamar a esta heroína de acción un dibujo animado sería como llamar a un Rembrandt un garabato”.
Tampoco se puede criticar una banda sonora épica y grandilocuente de un Elliot Goldenthal en su etapa dorada. Incluso si se recibió con críticas por no utilizar al maestro Nobuo Uematsu. Especialmente cuando acaba con unos brillantes L’Arc-en-Ciel en un momento dulce de su carrera antes de un prolongado hiato.
Por eso se puede criticar Final Fantasy: La fuerza interior, porque no es como los juegos, porque podría ser más arriesgada, pero no porque no sea Final Fantasy o porque no haga cosas originales o interesantes. Porque no es verdad. Y si quieres comprobarlo, ahora está disponible en servicios de streaming como Netflix para demostrar, de una vez por todas, que se hizo de menos a esta película. Porque quizás Final Fantasy: La fuerza interior no fuera una obra maestra, pero es mucho mejor de lo que se dice.