Steven Spielberg siempre es una incógnita. Es un director muy bien valorado y muy querido por crítica y público, pero sus películas son siempre una incógnita. No es un creador de blockbusters infalible que cree un éxito tras otro: es un artesano que hace películas caras que suelen funcionar, pero tiene en su haber películas que no siempre han funcionado. O que ha llevado un tiempo apreciar del modo que se esperaba. Y quizás su última película, El Día de la Revelación, sea el caso.
Una película difícil de saber cómo funcionará
Con una taquilla de 44 millones en Estados Unidos y 92.8 millones global, según Box Office Mojo, ha superado por muchísimo las expectativas de su primer fin de semana. Lo cual supone un muy buen inicio, teniendo en cuenta que ha tenido un presupuesto relativamente moderado. Con un coste de 115 millones, hablamos de que podría acabar recuperando costes, de no ser porque ha sido una película particularmente cara en lo que respecta en su marketing: ha aparecido en todos los medios, se ha machacado su importancia y eso puede hacer que acabe siendo un pequeño fracaso.
Especialmente, porque la película está siendo extrañamente divisiva. Con la crítica no decidiéndose si es genial o decepcionante, es difícil leer cómo funcionará la taquilla a partir de este momento. Haciendo que la película sea una absoluta incógnita en el futuro próximo: bien puede ser un discreto éxito de taquilla o bien uno de los fracasos del año, aunque no uno sonado.
Mientras, Obsession lleva 268 millones en su taquilla global, Backrooms se le acerca con 248 millones y el gran fracaso parece ser es He-Man y los Masters del Universo, que tan solo recauda 86 millones globales, siendo el gran trastazo de la temporada. A diferencia de The Mandalorian y Gru que, consiguieron llegar a 315 millones a nivel global, si bien no ha llegado a conseguir las cifras esperadas, abre la puerta a no dar pérdidas. Mostrando una imagen muy saludable de la taquilla estadounidense, donde, en general, 2026 aún tiene que darnos algún gran batacazo. O alguna película que no funcione, al menos, relativamente bien.