La reciente controversia en torno a Scream 7 ha capturado la atención del público y ha desatado protestas durante el preestreno de la película. Melissa Barrera, una de las protagonistas de las entregas anteriores, fue despedida tras hacer declaraciones en Instagram sobre la masacre en Gaza, lo que provocó una oleada de apoyo hacia ella y críticas a Paramount y Spyglass. Ante esta situación, activistas han convocado un boicot en apoyo a la libertad de expresión, manifestándose con gritos y pancartas en las proyecciones previas al estreno.
No es lo mismo
A pesar de las críticas negativas que ha recibido la película, se estima que Scream 7 recaudará entre 50 y 60 millones de dólares en su primer fin de semana en Estados Unidos. Con un presupuesto de 45 millones, esto permitiría rápidamente recuperar la inversión inicial y, posiblemente, dar luz verde a una octava entrega. Kevin Williamson, creador de la franquicia, hizo referencia a la compleja situación, sugiriendo que la gente debe actuar según su conciencia, aunque no emitió una crítica directa hacia la situación que rodea a la película.
El proceso de producción de Scream 7 ha estado marcado por desafíos desde su anuncio, especialmente tras el éxito de su predecesora. La expulsión de Barrera hizo que Jenna Ortega se manifestara también en apoyo a su colega, lo que llevó al equipo a tener que crear un plan de contingencia a toda prisa. Con el estreno ya en marcha, las protestas continúan, reflejando la división de opiniones entre los fanáticos de la saga y quienes abogan por causas sociales.
Si bien las proyecciones de taquilla apuntan a un desempeño positivo, la película se enfrenta no solo a la insatisfacción de los activistas, sino también a la crítica por la calidad de esta nueva entrega, lo que podría plantear interrogantes sobre el futuro creativo de la franquicia Scream.