Si hablas con cualquier seriéfilo, te lo dirá: la mejor plataforma de la actualidad es Apple TV+. Separación, The Morning Show, Ted Lasso, Slow Horses… Prácticamente cada serie que suben se aseguran de que esté cuidada al milímetro, tenga un guion interesante, una fotografía medida y un reparto de renombre. Solo hay un problema: nadie recomienda la plataforma. A la hora de preguntar te pueden hablar de Netflix, Disney+ o Prime Video, pero casi nadie, fuera de la prueba gratuita o de momentos puntuales (cuando estrenan sus grandes formatos, por ejemplo) ve Apple. ¿Se puede saber por qué?
Manzanita medio mordida: la serie
Cuando los blockbusters fracasan en cines, siempre hay un soniquete que algunos repiten una y otra vez desde redes sociales, tratando de convencer a unos pocos ilusos de una realidad falseada: “Si es bueno, la gente lo verá”. Obviamente, no es cierto: sí, hay muchas películas malas que fracasan, pero aún más obras maestras que pasan sin pena ni gloria por la cartelera o incluso por los servicios de streaming. Porque el público general no quiere “algo bueno”, quiere simple divertimento fácil para desconectar. Por entendernos, algo que después criticar a gusto pero de lo que se tragaría gustoso dos y tres partes más.
Sí, son buenísimas Vidas Pasadas, Aftersun o Retrato de una mujer en llamas, ¿pero sabes cómo mejorarían esas obras maestras modernas? Con un superhéroe o con un dinosaurio. Hablemos claro: hoy por hoy, lo que importa no es la calidad de una película o una serie, sino caer en gracia y no estar cansado todavía de llas sa franquicia de turno. Porque no, aparentemente, después de 7 entregas aún no estamos hartos de Parque Jurásico. Lo que quieres es algo que ver con los chavales, de lo que hablar en la máquina del café, que recomendar (quizá irónicamente) a alguien. Estar en la pomada, vaya.
Y ese es el problema de Apple TV+. Puede tener las series más increíbles del mundo -de hecho, las tiene-, que si no tiene publicidad en las marquesinas, nadie sabe de su existencia, no hace buen marketing en redes sociales y sus series se quedan en un ambiente exclusivamente para fans, nunca conseguirá despegar. Y así le va: en marzo, se anunció que perdía mil millones de dólares cada año y que sus suscriptores alcanzaban tan solo los 45 millones en todo el mundo. Suena a mucho (es más gente que la que vive en Canadá, por ejemplo)… hasta que lo comparas con sus competidores.
Caballo lento, ¿el caballo mejor?
Netflix, la reina absoluta, tiene 340 millones de clientes, Prime Video 240 millones (aunque tiene truco al venir dentro del paquete Prime) Disney+ 125 millones, HBO Max 122 millones y hasta Paramount+ suma 79 millones. A su lado, Apple TV+ se ha quedado muy, muy atrás. No importa su calidad, su talento o su innovación: a estas alturas, lo único que cuenta es que no es capaz de dar un paso adelante, separarse de la morralla y demostrar, con una campaña de márketing dura, por qué han venido para quedarse.
En su lugar, los expertos en la empresa han decidido confiar en que el público vaya llegando con cuentagotas y basándose en el boca-oreja, basándose en ese “Si algo es bueno, la gente irá a verlo”. Sin darse cuenta de que la frase está más que quemada: si algo es famoso, la gente irá a verlo. Si está bien promocionado, si da de qué hablar, si permite discutir de ello en varios podcasts, si tiene presencia en redes sociales, si invitan a influencers… ¿Quién sabe? Puede tener salvación. Al fin y al cabo, ¡es Apple! Debería tener cientos de fans a su vera tan solo celebrando el nombre.
Sin embargo, no está pasando, quizá porque, más allá de la marca y del “wearable”, del símbolo de prestigio, Apple no interesa creativamente. ¿Por qué va a interesar? ¿Qué ha hecho, más allá de sus anuncios, para demostrar que es un factor decisivo a la hora de engancharnos a una serie? ¿Acaso ese ha sido el problema desde el principio, que no tiene un bagaje como HBO o Disney? Me temo que nos queda poco para saberlo, porque hasta la paciencia de la empresa más rica del mundo se tiene que terminar en un momento dado cuando vean que mil millones de dólares acaban, sí o sí, en la basura más cercana de manera repetida. O cierran y venden las series al mejor postor, o veremos un cambio de 180 grados.