Algunas películas se consideran malas porque siempre se han dicho que son malas. Hay muchos casos. Películas que están bien dirigidas, que tienen un buen ritmo, que consiguen lo que se proponen y que la gente dice que están mal porque no encajan con lo que esperaban de ellas, convirtiéndose en un meme. Una información transmitida sin necesidad de un juicio real por parte de quien lo repite.
Street Fighter: La última batalla, la película de acción real de Street Fighter dirigida por Steven E. de Souza estrenada en 1994, es una de esas películas. Porque aunque no te lo creas, te han estado engañando todo este tiempo. Porque no: no es una mala película.
Poca fidelidad, ¿pero sería mejor siendo fiel?
Street Fighter: La última batalla nos cuenta la historia de cómo el General M. Bison, un general de la droga, provoca una guerra en Shadaloo, una nación del sudeste asiático, y el Coronel William F. Guile, de las fuerzas de EEUU, es el único capaz de pararle. Ryu Hoshi y Ken Master son traficantes de armas que se ven implicados por accidente, Chun-li es una reportera que quiere sacar la verdad a la luz y Dhalsim un doctor que trabaja contra su voluntad para Bison.
¿Suena algo de esto a Street Fighter? No mucho, la verdad. Y esa fue la principal razón por la que el público se sintió decepcionado. Esperaban una adaptación fiel de los videojuegos y se encontraron una película que se tomaba muchísimas libertades, saliendo indignados del cine. Algo que ha hecho que con los años quede la idea de que es una película terrible. ¿Pero lo es? O antes de entrar en eso, ¿sería mejor si fuera más fiel al videojuego?
Street Fighter y particularmente Street Fighter 2 tiene una historia que es básicamente imposible de adaptar a una película. No por compleja, sino porque no hay por donde cogerla.
M. Bison monta un torneo de lucha a nivel mundial para poder lavar el cerebro a los mejores luchadores sobre la Tierra y unirlos a su organización para conquistar el mundo. Las razones para unirse de los luchadores es demostrar que son los mejores o, en el caso de Chun-Li y Sagat, una venganza personal contra Bison y Ryu. Ahí se acaba la historia. Buena suerte para construir una historia coherente a partir de ahí.
Se puede escribir una historia con esos mimbres, pero eso no significa que vaya a quedar algo con más sentido o mejor que lo que ofrece la película de Street Fighter. Y más aún en los 90s, donde los tropos del manga shonen no eran tan conocidos ni estaban tan aceptados y un acercamiento más directo quizás hubiera gustado a los fans, pero seguramente no hubiera sido entendido por el resto del público.
Actores sobresalientes y una buena factura
También hay que tener en cuenta que esta película pone mucho peso sobre sus dos protagonistas: Jean-Claude Van Damme y Raul Julia. Siendo las dos atracciones principales de la película y dos estrellas con un nombre de gran impacto en el momento de estreno de la película.
Van Damme venía de una racha ganadora durante la primera mitad de los 90s. Tras aparecer en Soldado universal, Doble impacto, Hard Target y Timecop era el héroe de acción de los 90s solo por detrás de Arnold Schwarzenegger. Por su parte, Julia tenía una dilatada carrera en el teatro y el musical, siendo un actor multipremiado y considerado uno de los mejores actores de su generación, pero además venía de enamorar al público al hacer de Gomez Addams en las dos películas de La Familia Adams. Es decir, tanto el protagonista como el villano de la película eran dos caras reconocibles y que el público quería ver.
De hecho, ambos son lo mejor de la película. Ambos por razones opuestas. Van Damme habla como un luchador de wrestling, haciendo promos de forma constante, lanzando one liners y siendo siempre el más guapo y el más fuerte de la habitación. Julia deja sacar su lado más teatral y nos ofrece un Bison exagerado, enfático, que está constantemente gesticulando y haciendo énfasis en cada inflexión de voz y cada pequeño movimiento, demostrando sus orígenes en el musical.
Ambos están increíbles en sus papeles y es imposible imaginar un Gile o un Bison mejor. Y aunque solo fuera por lo bien que lo hacen, ya sería imposible decir que esta es una mala película.
Sólo que además, no es lo único que hace bien. Visualmente tiene muchas ideas interesantes, tiene un ritmo envidiable que no permite ni un sólo momento de aburrimiento y un sentido del humor que hace muy divertida verla. Su único defecto real es que las peleas no están muy bien coreografiadas y eso, en una película de Street Fighter, es un delito. Pero también es verdad que no están muy bien coreografiadas para el canon de los 90s: si las comparamos con lo que se puede ver hoy en la mayoría del cine de Hollywood, son serviciales, que ya es más que el desastre sin sentido de la mayoría de películas de hoy en día.
A veces es suficiente con hacer las cosas bien
Ahora que se ha anunciado una nueva película de Street Fighter, repensar Street Fighter: La última batalla está bien. Especialmente cuando todo lo que sabemos de esta nueva película no es precisamente positivo. Actores mediocres o directamente malos, un director cuestionable y una perspectiva de la franquicia que no parece mejor que la de la película original, quizás sirvan para que nos demos cuenta de lo que tuvimos y no supimos valorar.
Porque Street Fighter: La última batalla es una buena película. No excelente ni una película que vaya a cambiar la vida de nadie, pero sí disfrutable. Una película con encanto y que sabe ser lo que necesita: una buena película de acción que te puedes fumar una tarde tonta (en AppleTV+). Porque a veces no necesitas más que hacer las cosas bien y con gracia para que, con el tiempo, te acaben reinvindicando.