En realidad, y aunque nos cueste creerlo ahora, ¿Dónde está Wally? empezó siendo un simple plagio de otra saga de libros, Busy Places, de Philippe Dupasquier, una colección de imágenes repletas de gente en las que siempre está pasando algo, pero que no tenían un componente lúdico: se trataba de grandes murales que admirar. Sin embargo, Martin Handford, en 1986, tuvo una idea diferente: introducir, dentro de estas imágenes, a un personaje reconocible que tuviera que ser encontrado por los lectores. El año siguiente se publicó el primer libro de la saga, y fue tal éxito que a partir de ese momento dedicó su vida al personaje, de manera, obviamente, muy lucrativa. ¿Encontrará a Wally ahora entre sus billetes?
¿Dónde está el píxel?
El éxito, sobre todo a finales de los 80 e inicios de los 90, trae consigo su inevitable conversión en franquicia. ¿Dónde está Wally? acabó teniendo siete libros principales (el último de 2009), varios libros de actividades y educativos, una revista, una tira cómica, dos series de dibujos -en la primera de ellas, de 1991, la pantalla se llegaba a parar durante un minuto en cada episodio para que el espectador pudiera encontrar al personaje-, cajas de cereales y hasta un minijuego del Google Maps. Una Wally-manía como es debido.
Pero toda una generación recuerda a Wally por su primer videojuego, que apareció en 1991 para NES y cuyo funcionamiento era, bueno, igual que el del libro: una imagen, en este caso abrumadoramente pixelada, en la que hay que encontrar al viajero del tiempo en cuestión a lo largo de 8 niveles. La suavidad del trazo de Handford se hacía aquí puro píxel y encontrarle se volvía un trabajo tan arduo como aburrido, casi como hacer deberes. Además, el libro era más barato que el cartucho, así que… ¿Cuál era el motivo para comprarse esto?

En los 8 niveles controlas una lupa que debe ponerse justo encima de Wally para considerar que le has encontrado e ir al siguiente nivel. No tiene mucho más, salvo que en los niveles de dificultad más altos Wally cambia su atuendo de color para que sea aún más difícil encontrarle. Además, tenía un par de minijuegos sin mayor importancia. Ya véis que no era gran cosa, pero lo curioso es que tras esta minucia estaba la mismísima Bethesda. Concretamente, sus programadores fueron Paul Coletta y Randy Linden, figuras clave de la historia de los videojuegos que empezaron sus días renderizando una imagen pixelada.
¿Dónde está la calidad?
Los críticos destrozaron sin pudor ni bondad ¿Dónde está Wally?, por motivos obvios. Más allá de que, efectivamente, Wally apareciese siempre en un lugar diferente, dando así variedad y permitiendo que el juego se mantuviese fresco, los gráficos eran lamentables, la jugabilidad inexistente y no pocos se preguntaron qué necesidad había de adaptar algo tan, a priori, inadaptable. Sin embargo, el juego costó cuatro duros, recaudó mucho más y, lógicamente, empezaron a planear su inevitable secuela.
En 1992, un año después, y ya lejos de Bethesda, se lanzó ¿Dónde está Wally? El viaje fantástico, basado en el tercer libro de la saga y en el que a lo largo de tan solo cinco niveles, el jugador debía buscar a lo largo de la imagen buscando a Wally, su perro y objetos variados. Además de para NES, el juego salió para Super Nintendo y Génesis, lo que mejoró notablemente la claridad de la imagen. La idea seguía siendo un desastre, pero de alguna manera, en 2009 se hizo un remake aprovechando las capacidades de Wii, DS y los teléfonos móviles.
Curiosamente, después de este, ¿Dónde está Wally? no ha vuelto a consolas en Europa (aunque sí en Japón), y en PC y móviles apenas ha tenido algunos títulos entre lo educativo y lo simplón. De momento, lo único que está claro es que Martin Handford, a sus 68 años, no tiene que volver a trabajar en toda su vida después de vender su marca hace 15 años por dos millones y medio de libras. ¡Con ese dinero en el bolsillo, cualquiera se pone a buscar a Wally otra vez!