The X-Files, la serie creada por Chris Carter, cumple hoy, 17 de septiembre, 33 años desde la emisión de “Deep Throat”, el segundo episodio de su primera temporada. Se recuerda, sobre todo, por la aparición del enigmático informante Deep Throat, al que dio vida Jerry Hardin, uno de los personajes más raros y decisivos de toda la serie.
La efeméride invita a volver a un punto de inflexión, uno de esos momentos en los que la ficción de Carter encontró una de sus piezas básicas. No fue un episodio más. Fue uno de los primeros grandes capítulos de la mitología de The X-Files y, en su estreno original, reunió a unos 11,1 millones de espectadores, según los datos de audiencia de la época. Esa cifra ayudó a confirmar que aquella propuesta, que todavía estaba tomando forma ante el público, tenía algo especial.
La maniobra clave del episodio fue presentar a Deep Throat como algo mucho más complejo que un colaborador esporádico. Su primera función en la historia es advertir a Fox Mulder para que abandone una investigación relacionada con el ejército. Poco después, sin embargo, se presta a ayudarle, aunque siempre bajo sus propias condiciones.
Ahí estaba la gracia del personaje. Protegía y bloqueaba al mismo tiempo.
Esa tensión acabó siendo una de las relaciones más fértiles de The X-Files. Deep Throat deja claro desde el comienzo que solo dará información cuando le interese y que sus objetivos coinciden, según él, con “la verdad”. De ahí salía una ambigüedad moral muy difícil de apartar de la vista: no era exactamente un mentor, tampoco un villano, ni siquiera un amigo en el sentido habitual. Era más bien una rendija abierta hacia una conspiración mucho más grande.
En la trama, Fox Mulder y Dana Scully investigan comportamientos extraños en torno a una base militar y terminan encontrando indicios de que varios pilotos de la Fuerza Aérea están siendo utilizados para probar aeronaves construidas con tecnología alienígena. El episodio remata con una de esas imágenes que se quedan grabadas: Mulder llega a ver una nave triangular antes de ser detenido y sometido a un borrado de memoria.
Esa combinación de revelación y frustración también terminaría convertida en una seña de identidad de la serie. Daba las pruebas suficientes para disparar la imaginación del espectador, pero nunca las necesarias para clausurar el misterio de una vez por todas.
“Deep Throat” fijó también otro de los grandes arquetipos de The X-Files: el infiltrado gubernamental que opera en las sombras, conecta a Mulder con una conspiración más amplia y, al mismo tiempo, lo usa para sus propios fines. El personaje tomaba inspiración tanto del confidente del caso Watergate conocido como “Deep Throat” como de la figura interpretada por Donald Sutherland en JFK.
Más adelante, la propia serie revelaría que su nombre era Ronald Pakula y que formaba parte del Sindicato, aunque estaba convencido de que ciertas verdades tenían que salir a la luz.
Su huella fue enorme, incluso con una presencia relativamente breve. A diferencia del Cigarette Smoking Man, que creció de forma inesperada desde un figurante mudo del piloto hasta convertirse en una figura central, Deep Throat sí nació como un personaje recurrente de peso. Aun así, murió en “The Erlenmeyer Flask”, el episodio que cerró la primera temporada de The X-Files.
Luego volvería en flashbacks y visiones, mientras “X” ocupaba su lugar en la segunda temporada. Y ahora, con un reinicio de The X-Files para Hulu en desarrollo bajo la mano de Ryan Coogler, según se ha anunciado, y con una nueva serie de cómics de Dynamite Entertainment prevista para diciembre de 2026, según la propia editorial, la franquicia sigue descansando sobre los cimientos que episodios como “Deep Throat” levantaron tan pronto y con tanta firmeza. Por ahora, eso sí, no se sabe cuándo llegará la nueva serie de Hulu.