Durante años, las campañas de Call of Duty han cimentado una narrativa en la que Estados Unidos actúa como el agente del orden frente a enemigos extranjeros. Desde los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial hasta las complejidades de conflictos contemporáneos, el relato ha sido un pilar fundamental de la franquicia. Sin embargo, el auge de un panorama global más matizado ha llevado a pensadores clave dentro de la serie a reconsiderar esta representación.
Con escolta por si acaso
Glen Schofield, antiguo director de Call of Duty, reveló que su decisión de no señalar a un país específico como enemigo comenzó tras una experiencia inquietante durante una gira de prensa para Call of Duty: Modern Warfare 3. Después de recibir una oferta para viajar a Rusia con escolta, Schofield sintió una profunda incomodidad. “No me siento mejor por eso,” comentó, reflexionando sobre la inseguridad que este tipo de entorno podría representar. Este episodio lo llevó a comprometerse a cambiar el enfoque en futuros juegos, prefiriendo antagonistas que no fueran naciones, sino entidades corporativas y empresas militares privadas.
El impacto de esta elección narrativa se palpó claramente en la producción de Call of Duty: Advanced Warfare, donde los antagonistas son representados como corporaciones en lugar de países. Schofield, en una cena con periodistas, articuló su deseo de poder visitar diferentes territorios sin el temor de ser catalogado como enemigo, lo que lo impulsó a transformar la representación del villano en la serie.
Esta evolución en el enfoque de la narrativa refleja una adaptación no solo a la percepción de la guerra en la actualidad, sino también a las inquietudes sobre cómo se representan las naciones en los videojuegos, un tema que ha adquirido una relevancia crítica en la cultura contemporánea.