El futuro portaaviones nuclear USS John F. Kennedy (CVN-79) ha superado hoy sus pruebas de aceptación en el mar, un paso decisivo para uno de los buques más ambiciosos, y también más problemáticos, de la Marina de Estados Unidos. El avance lo acerca a su entrega formal y, más adelante, a la entrada en servicio, después de varios años de retrasos dentro del programa de portaaviones de la clase Ford.
En el caso concreto del USS John F. Kennedy, el calendario previsto acabó deslizándose de julio de 2025 a marzo de 2027, pese a que la clase Ford de superportaaviones nucleares nació con una promesa muy clara: operar con menos tripulación, generar más salidas aéreas y actualizar capacidades críticas.
Las pruebas de aceptación en el mar son, al final, la gran prueba antes de que la Marina de Estados Unidos reciba oficialmente un buque.
Durante esos días, el astillero y la Marina ponen a examen la propulsión, la maniobrabilidad, los equipos de cubierta y otros sistemas clave para las operaciones aéreas.
Pasar esta fase no quiere decir que el USS John F. Kennedy vaya a desplegarse mañana, pero sí que deja atrás uno de los tramos más delicados de todo el proceso.
Después de estas pruebas, el USS John F. Kennedy entrará en la fase de puesta a punto del contratista, donde se corrigen los fallos y detalles detectados durante la evaluación.
Tras la entrega vendrá la revisión posterior a las pruebas, pensada para resolver deficiencias y rematar el ajuste del buque antes de su entrada en servicio operativo.
El USS John F. Kennedy es el segundo portaaviones de la clase Ford, por detrás del USS Gerald R. Ford (CVN-78), y está llamado a reemplazar poco a poco a la ya veterana clase Nimitz.
Sus cifras siguen llamando la atención: cerca de 333 metros de eslora, unas 100.000 toneladas de desplazamiento y un coste de adquisición estimado en 13.200 millones.
Donde está el verdadero salto es en sus sistemas: el Electromagnetic Aircraft Launch System (EMALS), los nuevos elevadores de armamento y una arquitectura pensada para aumentar el ritmo de las salidas aéreas con menos personal a bordo.
Pero justo ahí han estado también buena parte de los problemas.
En el USS John F. Kennedy, igual que ya pasó con el USS Gerald R. Ford, han pesado mucho los fallos y los ajustes en el Advanced Arresting Gear (AAG) y en los Advanced Weapons Elevators (AWE), dos tecnologías críticas para recuperar aeronaves y mover munición con rapidez dentro del barco.
Y esas demoras no solo disparan costes y alargan calendarios.
También complican el requisito legal de mantener 11 portaaviones activos, mientras la flota sigue dependiendo más tiempo del previsto de buques de la clase Nimitz, que envejecen y resultan cada vez más caros de sostener.
La evolución del USS John F. Kennedy también tiene un peso estratégico claro para Washington, sobre todo en el Indo-Pacífico, en un momento en que China amplía su marina y desarrolla armas y doctrinas pensadas para poner más difícil la operación de los grandes grupos navales estadounidenses.
Que el USS John F. Kennedy haya superado con éxito esta fase en el mar es, por tanto, una señal de que uno de los programas navales más vigilados del mundo empieza a recuperar impulso.
Aun así, como viene siendo habitual con la clase Ford, todavía no se sabe cuándo entrará finalmente en servicio el USS John F. Kennedy.