Volkswagen está estudiando, según varios informes aparecidos después de la reunión del consejo de supervisión del 9 de julio de 2026, una de las reestructuraciones más profundas de su historia reciente. El nuevo “Plan de Futuro” podría llegar a afectar hasta 100.000 puestos de trabajo, con la idea de recuperar competitividad y beneficios en un mercado bastante más duro que el de hace unos años.
Esos mismos informes sitúan el ajuste potencial en hasta 100.000 empleos, alrededor del 15 % de la plantilla global de Volkswagen y justo el doble del objetivo anterior, que estaba en 50.000 puestos.
La idea es simple: adelgazar el negocio para volver a ganar dinero.
La hoja de ruta pasa, según esas informaciones, por recortar la gama de modelos hasta en un 50 % y por reducir la complejidad de las configuraciones opcionales hasta en un 75 %. Con eso, Volkswagen quiere rebajar costes de desarrollo, fabricación y logística.
Al mismo tiempo, la compañía pretende ajustar su huella industrial a una demanda más floja y dejar su capacidad anual de producción en 9 millones de vehículos, frente a los 12 millones que tenía antes de la pandemia, siempre según esos informes.
El problema se ve en las cuentas. Volkswagen cerró el primer trimestre con un margen operativo del 3,3 %, de acuerdo con sus resultados trimestrales. Para un fabricante de ese tamaño, es una cifra demasiado baja si quiere seguir sosteniendo inversiones en electrificación, software y nuevas plataformas.
Los despidos todavía no están confirmados de forma definitiva, pero la cifra que ya circula en Alemania da una buena medida de la magnitud del problema.
En concreto, y según esos informes, entre las plantas que están bajo revisión para un posible cierre de aquí a 2034 aparecen Zwickau, Emden, Hannover y la factoría de Audi en Neckarsulm.
En conjunto, esos centros emplean a unas 40.000 personas. Mientras tanto, Volkswagen sigue lidiando con costes de producción altos en Alemania, con ventas más débiles en China y con la presión creciente de los fabricantes chinos de coches eléctricos, que aprietan cada vez más tanto en precio como en tecnología.
La reacción sindical llegó rápido.
IG Metall ya ha avisado de “conflictos a una escala sin precedentes” y ha movilizado protestas contra los posibles recortes. Y no es una amenaza menor: en Volkswagen, los representantes de los trabajadores y el estado federado de Baja Sajonia tienen un peso decisivo en el consejo de supervisión, así que cualquier plan de cierres o ajustes masivos tendrá que pasar por una negociación especialmente complicada.
A Volkswagen no le está pasando esto en solitario.
El sector entero está rehaciendo sus planes ante una demanda más irregular en algunos segmentos eléctricos, las tensiones geopolíticas y una guerra de costes cada vez más agresiva. De hecho, Volkswagen ya ha tomado decisiones en esa línea en Estados Unidos, donde, según anunció la propia compañía, puso fin a la producción del ID.4 en Chattanooga para dar prioridad a SUV de combustión con mayor demanda. Por ahora no se sabe qué parte de este plan terminará aprobándose ni cuándo llegarían los cierres o los despidos, si al final salen adelante.