Cuando Elon Musk se hizo con el trono de Twitter, lo primero que hizo fue llevarse un lavabo a su casa. Tras esto, lo segundo que hizo como nuevo mandamás de la red social fue dar toda una masterclass de metodologías Agile, Kaizen y relaciones públicas. ¿Cómo exactamente? Despidiendo a una gran parte de la plantilla de Twitter, incluyendo altos cargos. Pero se ve que, casi un año y medio después, algunos de estos antiguos cargos ejecutivos están bastante “descontentos” con el multimillonario.
Según recoge The Wall Street Journal, Parag Agrawal, el anterior CEO de Twitter; Ned Segal, el exdirector finaciero; Vijaya Gadde, la anterior directora jurídica de la compañía, y Sean Edgett, el exasesor general, han demandado a Musk y a la red social ahora bautizada como X, argumentando que aún se les deben más de 128 millones de dólares por las indemnizaciones de sus despidos.
Los demandantes alegan que, con sus despidos, el objetivo de Musk era “estafarles” 200 millones de dólares antes de que pudieran hacer algo con las acciones que tenían de la compañía a la mañana siguiente.

Los exdirectivos de Twitter disponen, además, de una fuente notablemente exhaustiva para explicar por qué Musk cerró el trato y les despidió cuando lo hizo: el propio Elon Musk, citado por Walter Isaacson en la biografía publicada el año pasado: “’Hay una diferencia de 200 millones entre cerrar esta noche y hacerlo mañana por la mañana’, me dijo el jueves por la tarde en la sala de reuniones mientras se desarrollaba el plan”.
En otro pasaje del libro, Isaacson recoge una conversación entre Musk y su abogado, Alex Spiro, en la que estos hablaban del despido de Agrawal: “Intentó dimitir… pero le ganamos”. Al despedir al anterior CEO de la compañía antes de que pudiera enviar una carta de dimisión, estos creían que así la empresa no tendría que pagar su indemnización por despido.
Como muchos ya sabréis, a Musk no le gusta nada eso de pagar. Twitter, comprada en su día por la friolera de 44.000 millones de dólares, dejó de pagar el alquiler en todas sus oficinas en todo el mundo como “medida de reducción de costes” hasta el punto de ser denunciada por impago. Además, la compañía retrasó todos los pagos a contratistas y proveedores, incluyendo a contables y consultores que trabajan en proyectos reguladores de vital importancia.