2007 fue un año muy curioso para los videojuegos. Con PS3 en su momento álgido, se lanzaron obras tan influyentes como Assassin’s Creed, Call Of Duty 4, Oblivion, Guitar Hero III o Portal. Difícil encontrar un año mejor que este, desde luego, pero es que a estas experiencias jugables se unió otra que pilló a todo el mundo por sorpresa: Uncharted. El título de Naughty Dog se convirtió en la niña bonita de la industria y todo el mundo quedó fascinado por su carisma, su fantástico guion, su jugabilidad intrépida y se llegó a calificar como el Indiana Jones de Sony. Ahora, sobreviviendo a base de remakes, no somos pocos los que nos preguntamos por qué a nadie parece importarle, en una época de continuas secuelas y reboots, que esta saga muera.
¡A por el tesoro!
Desde 2007 hasta 2017 tuvimos cuatro Uncharted principales, tres spin-offs y un juego para móvil. Bien es cierto que en la cuarta parte Nathan Drake se retiraba para siempre y dejaba la saga atada y bien atada por su parte, pero en Naughty Dog se preocuparon en darnos una última secuela, El Legado Perdido, que se centraba en Chloe y Nadine, compañeras a la fuerza en una breve aventura que muchos creímos que mostraba el futuro de la saga. Sin embargo, a pesar de que funcionó bien en ventas y era un epílogo fantástico a la cuarta parte, nunca hubo más, dejando, durante ocho años ya, a un público desconsolado.
No es que se hayan olvidado de su existencia, claro: desde entonces hemos tenido varios remasters, la película protagonizada por Tom Holland de 2022 que tendrá secuela en el futuro, presencia en el parque de Port Aventura (Barcelona) y hasta cómics y novelas. Sin embargo, parece, por algún motivo, que nadie quiere hablar de una quinta parte o del reboot de la saga. En Naughty Dog llevan cinco años, desde The Last Of Us II, sin sacar un juego original, y aunque a veces han agitado el avispero, claramente ha sido para nada.
Sería más normal esta tardanza si se tratara de un GTA, o un Zelda de nueva generación, juegos de mundo abierto donde hay que programar hasta el último detalle basándonos en las decisiones más absurdas de cada jugador, pero los Uncharted, salvo que quieran romper con todo, son juegos que no le piden a nadie unas increíbles dotes con un mando en la mano: se trata de seguir la línea marcada, desviarse para encontrar un par de tesoros y divertirse por el camino. ¿Por qué rechazar, entonces, una de las franquicias más potentes de la historia de Sony?
Cada poco tiempo, una noticia aparece afirmando que Uncharted 5 está al caer y Naughty Dog está creándolo en secreto, hasta el punto de que ya hay gamers hartos y solo quieren que lo confirmen o desmientan de manera oficial para no hacerse ilusiones. En el fondo, es bonito ver una saga que no se alarga hasta el infinito de manera artificial y que deja la sensación de haber contado lo que tenía que contar, y ya está. Muchas franquicias de cine, televisión y consolas podrían aprender, de hecho: ¿Ya has terminado? ¿Esto era todo? ¿No te has dejado ninguna espinita clavada? Pues a hacer otras cosas. A crear, a sorprender, a no anquilosarte, que es lo suyo.
En el fondo, supongo, nadie quiere admitir que se ha terminado y que todos sentimos ese final en los compases finales de Uncharted 4, porque sabemos que en la cultura pop todo vuelve. Superman nunca permanece muerto, el Universo DC saca una nueva hornada de películas, Sonic siempre reinventa su fórmula, Marvel saca la cuarta secuela del Capitán América, aunque este se marchara hace seis años. ¿Cómo va Uncharted, que da millones y millones de dólares a las arcas de Sony y Naughty Dog, a desaparecer? Queremos creer, pero, en el fondo, cada año que pasa, una vocecita delante de nosotros sigue pensando “¿Y si esta vez es verdad? ¿Y si se ha terminado?”. Si algo le cuesta al mundillo es dejar marchar en paz. Veremos si no resucita, de repente, en el vigésimo aniversario. ¿Qué? 2027 no está tan lejos…