En Hollywood, franquicias como Dune, Fast & Furious, Jumanji y Los juegos del hambre ya se acercan al final de sus tramas centrales, o al menos al final de las versiones que el público identifica hoy con esos títulos. Ese cierre llega en un momento delicado para la industria: después de años viviendo de sagas, universos compartidos y secuelas, el modelo empieza a enseñar señales de cansancio cada vez más visibles, tanto en la taquilla como en la conversación cultural que rodea a estos estrenos.
En Dune, el recorrido de Denis Villeneuve siempre tuvo límites bastante claros. Tras el éxito de Dune y Dune: Parte Dos, la historia tendría que concluir con una tercera película basada en Dune Messiah. Todo indica, además, que esa será su última aportación a la franquicia, de modo que su paso por Arrakis quedaría cerrado como una trilogía con principio y final bien marcados.
Los juegos del hambre cerró hace ya tiempo la historia principal de Katniss Everdeen con Sinsajo, pero Lionsgate no ha dejado de volver a Panem a través de precuelas. La siguiente será The Hunger Games: Sunrise on the Reaping, con estreno previsto para el 20 de noviembre de 2026. Y, al menos por ahora, da la impresión de que el futuro cinematográfico de la saga depende de que Suzanne Collins siga expandiendo ese universo en nuevos libros.
Con Fast & Furious, el final está dicho de una forma mucho más directa. Si nada cambia, Fast Forever llegará en 2028 como cierre de la saga principal. Eso no excluye posibles spin-offs, pero sí marcaría la despedida del núcleo narrativo que convirtió a Dominic Toretto y los suyos en uno de los fenómenos de taquilla más resistentes y duraderos del cine comercial.
En el caso de Jumanji, Dwayne Johnson ya adelantó que la próxima película será el último capítulo para el reparto actual y para esta versión renovada de la franquicia. Y no es un detalle menor: entre Jumanji: Welcome to the Jungle y Jumanji: The Next Level, esta reinvención ha recaudado más de 1.700 millones de dólares en todo el mundo.
Que una saga termine en Hollywood casi nunca equivale a un adiós para siempre. Muchas veces lo que se cierra es una etapa concreta: la de un director, la de un elenco determinado o la de una línea argumental que ya dio todo lo que tenía que dar. Por eso sigue habiendo margen para reinicios, spin-offs o nuevas precuelas si el mercado responde, aunque a estas alturas la sensación de desgaste alrededor de las franquicias ya cuesta bastante ignorarla.
Y la presión no viene solo de la crítica o de lo que se comenta en redes. Algunas secuelas recientes han funcionado de manera irregular, el público parece guardar sus visitas al cine para aquello que siente como un evento de verdad, y el streaming ha multiplicado las opciones de entretenimiento en casa. Con ese panorama, cada vez resulta más difícil sostener la idea de que una gran franquicia, por sí sola, garantiza entradas vendidas.
También está el frente internacional. Durante años, Hollywood se apoyó en el mercado global para justificar presupuestos gigantescos, pero en territorios clave como China empieza a notarse una preferencia más marcada por las producciones locales. Si esa tendencia se afianza, las franquicias estadounidenses podrían perder parte del impulso que las mantuvo en una posición dominante durante más de una década.
De momento, las grandes sagas de Hollywood no van a desaparecer. Lo que todavía no está claro es qué finales serán realmente el cierre de una etapa y cuáles acabarán regresando, más adelante, convertidos en nuevas versiones.