Charles M. Schulz sacó de circulación a Charlotte Braun, un personaje de Peanuts, el 1 de febrero de 1955, después de que los lectores hicieran saber con bastante claridad que no la soportaban.
Mucho antes de que las franquicias siguieran al instante cada gesto del público, Peanuts ya había pasado por su propia pequeña crisis de rechazo. La salida de Charlotte Braun acabó dejando una de esas historias raras que, con los años, se vuelven leyenda: la “muerte” más famosa, aunque nunca explícita, de todo el universo Peanuts.
Dentro de la tira, Charlotte Braun apareció por primera vez el 30 de noviembre de 1954. Su última presencia fue el 1 de febrero de 1955. En total, quedó reducida a solo 10 entregas.
La intención era presentar una especie de versión femenina de Charlie Brown. Sobre el papel podía funcionar. En la práctica, Charlotte Braun quedó marcada por un carácter escandaloso, insistente y bastante inflexible. El propio Charles M. Schulz llegó a imprimir parte de sus diálogos en letras grandes y en negrita para subrayar lo ruidosa que resultaba.
Y eso mismo fue lo que la hundió.
Mientras el resto de personajes de Peanuts se movía en ese equilibrio tan particular entre neurosis, ternura y humor, Charlotte Braun les sonó a muchos lectores demasiado áspera, demasiado invasiva, y además sin el encanto que sí tenía el grupo principal.
la reacción del público fue muy concreta. No quedó en una sensación vaga ni en comentarios dispersos. Una lectora llamada Elizabeth Swaim le escribió a Charles M. Schulz para pedirle directamente que sacara a Charlotte Braun de la tira. El dibujante le respondió el 5 de enero de 1955 con una carta que hoy ya forma parte de la mitología de Peanuts. En esa respuesta bromeaba con que ella y sus amigas cargarían “con la muerte de una niña inocente sobre sus conciencias”, y añadió un dibujo de Charlotte Braun con un hacha clavada en la cabeza, una versión literal y bastante macabra de la expresión inglesa getting the axe.
Por eso suele decirse, cuando se repasa la historia de Peanuts, que esa fue la única muerte confirmada , aunque jamás mostrada de forma canónica, de un personaje de la serie.
La anécdota, de todos modos, no alcanzó verdadera fama hasta 2000, el año en que murió Charles M. Schulz. Entonces la carta enviada a Elizabeth Swaim fue donada a la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Ese documento dejó ver hasta qué punto la reacción de los lectores podía alterar el rumbo de una historieta, incluso en una fase tan temprana.
Que Charlotte Braun desapareciera tan pronto no quiere decir que todo lo que tenía se perdiera. Parte de ese temperamento mandón, fuerte y dominante acabó reciclado en Lucy van Pelt, que con el tiempo se convertiría en uno de los personajes más exitosos e imprescindibles de la serie.
Tampoco fue borrada por completo del universo expandido de Peanuts. Con los años volvió a asomarse en productos derivados, entre ellos el juego para móviles Snoopy’s Town Tale. Su paso por la tira fue brevísimo, sí, pero dejó una marca extraña y persistente: incluso en una de las historietas más queridas del siglo XX, un personaje podía desaparecer casi al instante si el público, simplemente, no conectaba con él.