Bloomberg y otros medios del sector han reavivado estos días los rumores sobre unas futuras gafas inteligentes de Apple para 2027. No se parecerían demasiado al Vision Pro: serían más ligeras, más discretas y pensadas para mucha más gente, bastante más cerca de las Ray-Ban Meta que de un visor de computación espacial. Como pasa siempre con este tipo de adelantos, conviene leerlo todo con calma y con cierta reserva.
Lo que describen esas filtraciones apunta a un producto muy distinto del Vision Pro. Apple estaría trabajando en unas gafas inteligentes de corte más popular, con un formato fácil de llevar a diario y menos aparatoso. En cuanto al calendario, casi todas las pistas las sitúan en 2027, aunque no dicen exactamente lo mismo: algunas hablan de finales de año y otras, como Mark Gurman en Bloomberg, miran a la primera mitad.
Por ahora, y siempre dentro del terreno de los rumores, la idea no sería lanzar unas gafas de realidad aumentada completas. Más bien hablamos de un accesorio conectado capaz de hacer fotos, grabar vídeo, reproducir audio y responder a comandos de voz. El concepto, visto así, se acerca mucho más a las Ray-Ban Meta que a un casco de computación espacial.
Hay varios puntos en los que las filtraciones coinciden. Apple estaría probando un modelo con cámaras, micrófonos y altavoces integrados, pensado para ofrecer funciones de contexto y comunicación sin poner una pantalla visible delante de los ojos. También se repite otra posibilidad: que las primeras versiones lleguen sin panel de ningún tipo, algo que serviría para recortar peso, contener el consumo y no disparar el precio.
Ese planteamiento encaja bastante bien con el objetivo que parece haber detrás: convertirlas en un accesorio cotidiano, no en un dispositivo ocasional como el Vision Pro. La apuesta no iría por una experiencia inmersiva, sino por algo más práctico y, sobre todo, más fácil de llevar en la calle, en la oficina o en el transporte público sin llamar tanto la atención.
Si las fechas filtradas van bien encaminadas, estas gafas no llegarían antes de 2027. Y esa espera también dice bastante. Meter cámaras, audio, batería y conectividad dentro de una montura cómoda, ligera y con una autonomía decente no es precisamente sencillo. Tampoco se espera, al menos de entrada, que funcionen por completo por su cuenta: casi todo apunta a una dependencia fuerte del iPhone, seguramente por Bluetooth y con parte del procesamiento trasladado al móvil para que las gafas no ganen peso.
Bloomberg también ha contado que Apple habría llegado a probar al menos cuatro estilos de montura, con opciones en acetato y acabados como negro, marrón claro y azul océano. Otro detalle que aparece en estas informaciones es que la compañía no estaría recurriendo, por ahora, a grandes marcas de óptica. Preferiría un diseño propio, algo muy en línea con esa costumbre de Apple de controlar hasta el último aspecto visual del producto.
El gran problema quizá no sea solo técnico. También es social. Llevar cámaras en un dispositivo que va puesto en la cara abre dudas bastante obvias sobre privacidad, y entre las soluciones que se han mencionado en las filtraciones aparecen varias ideas: una versión sin cámara, restricciones de uso o avisos acústicos que indiquen cuándo se está grabando.
Desde el punto de vista estratégico, todo esto también apuntaría a un cambio de prioridades. En vez de correr con una segunda generación inmediata del Vision Pro, Apple podría estar mirando a una categoría con más recorrido comercial, justo cuando Meta va marcando el ritmo y Google y Samsung avanzan por un camino parecido.
Si Apple consigue llevarlo a buen puerto, su ventaja estaría donde suele estar: la integración con su ecosistema, la calidad del diseño y una imagen de marca asociada a la privacidad. En un producto como este, ese último punto puede pesar más que nunca.