His Dark Materials, la serie coproducida por BBC One y HBO y estrenada en noviembre de 2019, consiguió adaptar con convicción, ambición y respeto la trilogía fantástica de Philip Pullman, algo que la película La brújula dorada, estrenada en 2007, había intentado sin éxito cuando quiso poner en marcha una saga cinematográfica. La televisión, al final, le dio a esta historia el espacio que necesitaba para desplegar su universo, hacer crecer a sus personajes y desarrollar sus ideas.
El problema nunca pareció estar en el material de origen, sino en el molde elegido para contarlo: aquella película se quedó a mitad de camino, lastrada por una recepción crítica tibia y una taquilla que no respondió lo suficiente.
La historia encontró su lugar en televisión.
Estrenada en noviembre de 2019, His Dark Materials se alargó durante tres temporadas y 23 episodios, y uno de sus mayores aciertos tuvo que ver con una decisión muy básica, aunque no tan frecuente en superproducciones de este tamaño. Puso por delante el guion y el peso emocional, y dejó el espectáculo en su sitio, como apoyo y no como motor.
Cada temporada adaptó uno de los tres libros originales de Philip Pullman, de modo que la serie pudo darle aire a la historia sin apretar sus ideas más complejas ni rebajar sus conflictos.
La protagonista es Lyra Belacqua, una huérfana que vive en un mundo paralelo donde las almas humanas toman la forma de animales llamados daimonions, y cuando investiga la desaparición de un amigo termina destapando una conspiración mucho mayor relacionada con el Polvo, la misteriosa sustancia cósmica que atraviesa toda la saga.
Ese universo pedía tiempo. Necesitaba respirar.
Mientras La brújula dorada optaba por condensar y limar asperezas, His Dark Materials tuvo margen para desarrollar sus reglas, trabajar mejor a sus personajes y, sobre todo, darle el lugar que merece al vínculo entre los humanos y sus daimonions, una pieza central del mundo creado por Philip Pullman.
También jugó a favor su fidelidad al espíritu de los libros.
La adaptación escrita por Jack Thorne mantuvo buena parte de los temas que hacen singular a la trilogía: la ambigüedad moral, el libre albedrío, el paso a la madurez y la crítica directa a las estructuras religiosas autoritarias. Más en concreto, la serie no rebajó el filo ideológico que parte de la crítica echó en falta en la película de 2007, tanto en su retrato del Magisterio como en su lectura abiertamente antiteocrática, y además trató a los daimonions como personajes con verdadero peso dramático. Por eso la separación, el proceso por el que se separa a una persona de su daimonion, dejó de sentirse como una simple rareza fantástica y pasó a doler como una herida emocional de verdad.
Y no fue una apuesta menor.
La prensa británica llegó a describir His Dark Materials como una de las series británicas más caras jamás producidas, y su estreno reunió a 7,2 millones de espectadores en Reino Unido, según los datos de audiencia difundidos en su lanzamiento: el mejor debut para una nueva serie británica en más de cinco años. En Estados Unidos, por su parte, el primer episodio sumó alrededor de 700.000 espectadores en las plataformas de HBO, según las cifras de estreno compartidas por la propia cadena.
Aunque la trilogía principal ya quedó adaptada y el universo de Philip Pullman sigue expandiéndose con The Book of Dust, por ahora BBC y HBO no han anunciado de forma oficial una nueva adaptación, pese a que Dafne Keen, James McAvoy y Ruth Wilson ya han dicho en público que les gustaría volver. No se sabe cuándo podría llegar ese posible regreso a la pantalla.