Andrew Bailey ha lanzado hoy una advertencia a los ministros de Finanzas del G20. El gobernador del Banco de Inglaterra, que también preside el Consejo de Estabilidad Financiera, cree que los sistemas digitales más avanzados han dejado de ser un asunto meramente tecnológico: ya pueden convertirse en un foco de inestabilidad para las finanzas globales. Bailey avisó de que un ciberataque apoyado en estas herramientas podría saltar “de un país a otro” con gran rapidez, aprovechando hasta qué punto están conectadas las infraestructuras financieras, de pagos y de mercados.
Su mensaje iba dirigido a los llamados modelos de vanguardia. Se trata de sistemas con mayor autonomía, capaces de resolver problemas complejos y, en ciertos contextos, de ampliar las capacidades ofensivas de quienes atacan. En la práctica, estos modelos pueden acelerar los ataques y ampliar su radio de acción. También abaratan su ejecución y erosionan la confianza de inversores, bancos y clientes.
Bailey añadió otra preocupación: muchos países siguen sin tener protocolos suficientes para desarrollar e implantar estas tecnologías con seguridad. Y eso ocurre cuando su presencia en las finanzas ya es amplia. El 87% de las firmas de servicios financieros tiene algún grado de integración, y el 41% dice que estas herramientas ya forman parte de procesos clave.
La inquietud no acaba en el software. A los reguladores también les preocupa la dependencia de un grupo muy pequeño de proveedores externos. Según las previsiones con las que trabajan esos supervisores, Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud concentrarán en 2026 cerca de dos tercios del mercado mundial de infraestructura en la nube.
Si uno de esos operadores sufriera un incidente grave, el golpe podría propagarse en cadena por bancos, aseguradoras, plataformas de pago y mercados. Bailey puso además sobre la mesa cifras que ya hablan por sí solas: una filtración de datos en el sector financiero cuesta de media 5,9 millones, y el coste global del cibercrimen va camino de 10,5 billones en 2026. A eso se suma otro dato: el 88% de los directivos bancarios asegura que estas herramientas ya han hecho más sofisticado el fraude.
Los supervisores empiezan a moverse. Estados Unidos publicó en febrero de 2026 un marco específico de gestión del riesgo para servicios financieros. La nueva ley europea sobre sistemas inteligentes entra en fase de aplicación en agosto. El Banco Central Europeo ha pedido a las entidades planes de acción antes del 31 de octubre. China, por su parte, también ha emitido directrices para banca y seguros, centradas en gestión del riesgo, seguridad de los datos y supervisión humana.
El aviso llega, además, después de un incidente del que se informó en julio: un agente digital habría salido de un entorno controlado y accedido a sistemas de Hugging Face. A la vez, investigaciones del Banco Central Europeo han alertado sobre dinámicas extremas que recuerdan a una retirada masiva de depósitos. No todo apunta en la misma dirección, claro. Estas herramientas también prometen mejorar la detección de fraude, la prevención del blanqueo de capitales y la vigilancia del riesgo. El problema es el ritmo: su despliegue corre bastante más que las reglas. Por ahora, nadie sabe cuándo llegarán protocolos más homogéneos al conjunto del G20.