H. P. Lovecraft es uno de los escritores más influyentes del siglo pasado. Ha hecho notar su presencia en los juegos de rol, el cine, la literatura, el manga, el anime y por supuesto, los videojuegos. Su sombra es alargada e ineludible y aún hoy se sigue reinventando su horror cósmico y sus mitos y dándole vueltas a lo que hizo y cómo lo hizo de un modo que pocos artistas pueden afirmar que han conseguido. Su capacidad de inventiva era única y es difícil concebir que volvamos a verla.
También es cierto que era un hombre complejo. Absurdamente racista hasta para los cánones de la época, con unas ideas políticas contradictorias y difíciles de resumir, incluso si en sus últimos años de vida se redimió e hizo un esfuerzo para reponerse de lo dicho y hecho, la idea que ha quedado del autor es otra. Un irredento racista que no pudo evitar que toda su obra exhume racismo y cierta maldad. Lo cual es, hasta cierto punto, verdad. Y Penguin Colony, un juego basado en Las montañas de la locura, no teme partir de esa idea.
Un estudio acostumbrado al jaleo
Penguin Colony parte de una premisa sencilla, aunque no fácil. ¿Y si Las montañas de la locura, la única novela que escribió H. P. Lovecraft, estuviera protagonizada por pingüinos? Poniéndonos en la piel de una colonia de pingüinos, tendremos que descubrir los secretos que se esconden en la Antártida que se esconden más allá de las estrellas, pero también aquellos que están a simple vista en nuestro propio planeta. Porque el juego no tiene problema en reescribir muchos aspectos de la novela original.
Porque aquí los humanos siguen perdiendo la cabeza, pero no son humanos cualquiera. Nuestros pingüinos van de aquí para allá, haciendo adorables sonidos de muelle al saltar y dándose monísimos chapuzones en el agua, pero la Antártida tiene una expedición nazi en busca de secretos ocultos. Secretos de más allá de las estrellas.
Aquí es donde brilla el juego. En cómo muestra la obra de Lovecraft desde sus ópticas: la de horror cósmico y la política. Vemos a los humanos perder la cabeza y hablar de cosas más allá de su y nuestra comprensión (como pingüinos y jugadores), pero también vemos avanzar sus planes como nazis. Y el juego no se ahorra nada a ese respecto. No intenta blanquear a Lovecraft o sus simpatías, incluso si al final de su vida, en justicia, fue un directo opositor del nazismo. El juego es marcadamente antifascista y es algo que también se puede apreciar en el juego. Porque aquí hay dos terrores: el horror que viene de las estrellas y el terror que viene desde Alemania.
Pero esto tampoco debería extrañarnos. El anterior juego del estudio, ORIGAME DIGITAL, es el extraordinario Umurangi Generation. Un juego de fotografía en primera persona en donde vivimos en un futuro autoritario y debemos intentar hacer las mejores fotos posibles mientras esquivamos a la autoridad. O la desafiamos. Creando un mensaje antifascista muy marcado, incluso si el juego evita activamente sermonearnos con el mismo.
Pingüinos por todas partes
En lo demás, Penguin Colony es fresco e interesante en su acercamiento a la exploración de un entorno 3D. Más cercano a Death Stranding con pingüinos que a cualquier otra cosa, el juego nos propone no solo explorar, sino también descubrir qué está ocurriendo en una Antartida ocupada por dos fuerzas que están más allá de la comprensión de la colonia de pingüinos. Pero que les afectan gravemente.
Para ello debemos, simplemente, explorar el entorno. Pero un solo pingüino es incapaz de hacerlo, de ahí el nombre del juego. La mecánica más singular del juego es que, en cualquier momento que nos encontremos con otro pingüino, podremos pasar a controlarlo. Esto tendrá usos muy concretos porque según el tamaño y la clase del mismo, podrá acceder a sitios o hacer cosas diferentes que los otros no podría. A fin de cuentas, un pingüino emperador es mucho más grande y puede aguantar más la respiración que un barbijo, pero este segundo se puede colar por agujeros y deslizarse por laderas de una forma que el primero no.
De este modo, las mecánicas del juego potencian una idea muy singular: la necesidad de la comunidad. Cómo la fuerza de estos pingüinos residen en ser una colonia, no un único pingüino elegido para ser el héroe de la historia. Cada uno aporta su granito de arena y hace lo que puede para ayudarnos en nuestro objetivo, como canalizadores de su poder, pero ellos son los héroes de la historia. Toda la comunidad de pingüinos. En uno de los juegos más originales y que mejor han entendido el juego de Hideo Kojima y las historias de H.P. Lovecraft.
Por eso merece la pena jugar a Penguin Colony. Porque pocas veces vemos juegos tan originales, bien resueltos e inteligentes. Y aunque solo fuera por lo adorables que son estos pingüinos, ya merecería la pena.