Maddy Thorson ha confirmado hoy que Celeste y TowerFall han sido retirados de la tienda de Xbox como gesto de apoyo al boicot que el movimiento BDS mantiene contra Microsoft.
La desaparición se produjo esta semana. No fue un error ni una incidencia técnica. Según ha explicado la propia Thorson, fue una decisión tomada a propósito.
Eso deja a los usuarios del ecosistema de Microsoft sin opción de comprar ninguno de los dos juegos en Xbox. Los dos, eso sí, siguen a la venta en PlayStation, PC y Nintendo Switch.
La explicación llega en un momento en que una parte de la escena indie está usando sus lanzamientos y sus acuerdos con plataformas también como forma de posicionarse políticamente. En este caso, la retirada responde al llamamiento de BDS.
La campaña incluye a Microsoft entre sus objetivos por los vínculos que BDS atribuye a la compañía con el gobierno de Israel, su ejército y su sistema penitenciario.
BDS apunta, más en concreto, al suministro de servicios en la nube a través de Azure y a otras tecnologías ligadas a contratos públicos. Por eso la presión no se queda en un gesto simbólico ni en una crítica genérica.
El movimiento también ha pedido a los consumidores que cancelen Xbox Game Pass, eviten franquicias vinculadas a Microsoft, como Call of Duty y Candy Crush, y dejen de comprar productos de videojuegos de la compañía.
Microsoft ya había reconocido anteriormente que proporcionó tecnología al Ministerio de Defensa de Israel. La empresa sostuvo entonces que no tenía pruebas de que sus herramientas se hubieran usado para atacar o dañar a personas en Gaza.
En el momento de publicarse esta información, Microsoft no había hecho pública una nueva declaración específica sobre la retirada de Celeste y TowerFall.
Lo de Maddy Thorson, además, no parece un caso aislado.
House House dijo que Big Walk no llegará a Xbox en octubre de 2026 por el mismo motivo. Tenderfoot Tactics tomó una decisión parecida en 2025.
Para algunos estudios pequeños, renunciar a una plataforma concreta se ha convertido en una forma visible de ejercer presión. También supone recortar su alcance comercial y aceptar un coste económico.
La reacción del público ha sido desigual.
En redes sociales, hay jugadores que aplauden que Maddy Thorson use su visibilidad para llamar la atención sobre el boicot. Otros, en cambio, critican que la política termine influyendo en la disponibilidad de los videojuegos.
Por ahora no está claro si habrá retiradas similares en otras tiendas digitales o en otras consolas. Tampoco cuál será el impacto real de este tipo de acciones sobre Microsoft, qué riesgos financieros y de reputación están asumiendo los estudios que se suman, ni qué voces siguen faltando en la conversación, incluidas las de desarrolladores y jugadores palestinos.