Vivimos en un entorno sobreinformatizado, con la esencia del capitalismo en la palma de nuestra mano y la Inteligencia Artificial escribiendo la mayoría de artículos que lees —no, este no es el caso—. Es por ello que a Charlie Brooker le costó tanto conectar con el público en las últimas temporadas de Black Mirror: hiciera lo que hiciera, la sociedad digital respondía con algo peor.
Pero la séptima temporada de Black Mirror ha sorprendido a todos porque, sorpresa, es buenísima. Y para ello el público no ha tenido que llegar al último capítulo. Desde su primer minuto, Common People, el episodio que inaugura la temporada, se posiciona como el mejor capítulo que la serie ha ofrecido en años. Y no es lo que diga yo: basta con sumergirse un poco en las redes y foros especializados para encontrar una oleada de entusiasmo pocas veces vista desde clásicos como San Junípero o White Bear.
Por fin, Black Mirror vuelve a hablar de tú a tú a su público
La reacción del público ha sido inmediata y apasionada. En Reddit, una comunidad particularmente exigente con las últimas temporadas de la serie, muchos usuarios han coincidido en que Common People es un regreso a la mejor versión de Black Mirror. “Holy shit,” escribía un usuario, “Common People podría ser uno de los mejores episodios de toda la serie.” En las redes sociales abruman los análisis y emocionados de los fans, pero ¿qué es lo que ha hecho que este capítulo conecte tanto con la gente?
Lo primero, y más evidente, es que el capítulo se centra en lo que promete su propio título: la gente común. La historia gira en torno a Mike (Chris O’Dowd) y Amanda (Rashida Jones), una pareja de clase trabajadora que enfrenta una tragedia inesperada cuando a Amanda le diagnostican un tumor cerebral. Desesperado ante la perspectiva de perderla, Mike recurre a Rivermind —o más bien Rivermid recurre a Mike—, una empresa tecnológica que ofrece una solución insólita pero inquietantemente plausible: conservar la conciencia de Amanda en una especie de nube cerebral que se va renovando mediante una suscripción mensual.

A diferencia de otras entregas de Black Mirror, que juegan con tecnologías loquísimas o mundos distópicos alejados de nuestra realidad inmediata, Common People trabaja con un concepto que resulta peligrosamente cercano. La tecnología que plantea podría no estar tan lejos: una IA que simula funciones cognitivas, sostenida por pagos mensuales e integrada en un sistema de niveles según lo que puedas a pagar. No hay hologramas, no hay realidades alternativas extremas. Solo un marido, una suscripción, y la promesa de mantener “viva” la conciencia de su esposa… mientras el saldo bancario lo permita.
Sin embargo, lo más inquietante del capítulo no es la tecnología en sí, sino el sistema que la rodea. Common People funciona como una crítica maravillosa al modelo de consumo de masas, al capitalismo de las suscripciones, y a la manera en la que la vida —y la muerte— pueden ser monetizadas con pasmosa facilidad en nuestro día a día.
De hecho, se basa en lo mismo que hacen Netflix, Prime Video o Spotify. Al principio, el plan de Rivermind parece asequible. Pero, como cualquier servicio moderno, los upgrades comienzan a aparecer. Por un poco más, Amanda puede tener acceso a mejores recuerdos. Por una tarifa superior, su capacidad de comunicación mejora. Y sino, claro, te mete anuncios inoportunos. Literalmente, Amanda empieza a interrumpir sus conversaciones con cuñas publicitarias. Es gracioso… pero tan real que asusta al miedo.

No es difícil leer en este capítulo una autocrítica de Netflix hacia sí misma, o al menos una parodia amarga del modelo que domina el entretenimiento digital hoy en día. Y por eso gusta tanto. Porque Black Mirror, por fin, ha vuelto a mirarse al espejo negro.
Charlie Brooker ha vuelto por la puerta grande. Y lo ha hecho por una sencilla razón: porque ha vuelto a entender nuestro mundo para hablar de nosotros. No de los que no inventan las tecnologías, sino de quienes las sufrimos. De quienes aman, cuidan y pierden por no tener poder adquisitivo o por tener un trabajo sustituible por una IA. Se me ocurre a más de uno al que no le iría mal echar un ojo a este capítulo.