James Gunn, director de Guardianes de la Galaxia y dueño y señor de DC, también es el guionista, por algún motivo, de Scooby-Doo, la película en acción real de 2002 con Freddie Prinze Jr, Sarah Michelle Gellar, Linda Cardellini y Matthew Lillard. Más noventera no ser puede poner la cosa, incluso a inicios de los 00. Aunque no aguanta el paso del tiempo, ganó un buen dinero en su momento y fue más que suficiente para lanzar una secuela. Y todo se fue al carajo.
¿Dónde estás tú?
Aunque esta secuela no fue mal del todo (costó entre 25 y 80 millones y recaudó 181) se esperaba más, y las esperanzas de una franquicia se fueron por el retrete. Matthew Lillard, que había salido de Scream, tenía una oportunidad de oro para ser una estrella, pero no pudo ir más allá. “Tenía un montón de presión para no cagarla. Fue la primera película grande en la que estaba y una gran oportunidad para mí. Y entonces me pareció que iba a ser una gran estrella de cine”. Lo fue. Pero a su manera, años después.
“Tras la segunda película, mi carrera se cayó durante mucho tiempo. Podría ser uno de esos tíos de los 90 que nunca vuelve. Tengo una relación de amor-odio con esta película, porque decía ‘Es culpa de Scooby-Doo. Por eso no estoy trabajando’“. Imagina por un momento que le eches la culpa de estar en el paro a un gran danés que resuelve misterios.
No te imaginas hasta qué punto perdió los papeles: “Nunca me arrepentí de hacerla porque la realidad es que si no tuviera el dinero que hice en la segunda parte, no habría podido seguir. Mi mujer y yo tendríamos que venderlo todo, y casi lo hicimos. Vendimos nuestros coches, vendimos nuestra casa. Bajamos de nivel nuestras vidas para vivir de una manera aceptable. Antes de esta película pensaba ‘Estoy haciendo todas estas películas y soy un tío grande’. La realidad es que no”.
Honestamente, creo que nadie me cae mejor en Hollywood que Matthew Lillard. Hace falta tener valentía, al fin y al cabo, para reconocer que creías que eras lo más… y siempre fuiste, simplemente, Shaggy.