La dificultad de un videojuego puede ser un elemento fundamental que enriquece la experiencia del jugador, según Gabe Cuzzillo, uno de los desarrolladores de Baby Steps. Cuzzillo argumenta que las experiencias significativas a menudo coinciden con la superación de retos, y que la dificultad puede transmitir ideas que no son comunicables de otra forma. “Las secciones difíciles son opcionales, y el jugador puede elegir cómo y cuándo enfrentarlas”, explica Cuzzillo, enfatizando que su enfoque se centra en la introspección y el autoexamen del jugador ante los desafíos del juego.
Baby Steps será difícil, pero es parte de su propósito
A diferencia de otros títulos, como Hollow Knight: Silksong, que son reconocidos por su elevada dificultad, Baby Steps permite una experiencia más abierta. Aunque existen elementos complicados, no son imposiciones para la progresión del jugador. Esta filosofía contrasta con la tendencia de algunos desarrolladores a incluir modos de dificultad fácil, algo que Cuzzillo se opone firmemente. “Cuando se requiere un esfuerzo real para superar obstáculos, se puede llevar a cabo una reflexión sobre el proceso y el propio esfuerzo, lo que enriquece considerablemente la experiencia”, argumenta.
El desarrollo de Baby Steps ha incluido un cuidadoso diseño de su sistema de movimiento, eliminando frustraciones innecesarias para que los jugadores puedan disfrutar sin restricciones. Cuzzillo resalta que la dificultad no solo actúa como un obstáculo, sino que puede guiar a los jugadores a descubrimientos reveladores sobre sí mismos y su relación con el juego.
Finalmente, Cuzzillo sostiene que no terminar un juego no disminuye su valor o significado. Para él, la esencia del videojuego radica en la experiencia individual; cada jugador vive una interpretación diferente, y esa diversidad de interacciones es lo que hace a los videojuegos una forma de arte única y significativa.