Después de tantos juegos, ya casi nunca puedo decir esto: he entrado a Digimon Story: Time Stranger completamente virgen. Digimon me sonaba de oídas, había visto cosas de refilón, pero yo soy de Pokémon.
Y esa condición de recién llegado, que normalmente sería un problema para escribir un análisis, aquí se ha convertido en lo más interesante de la experiencia. Porque he tenido que aprenderlo todo desde cero, y en ese proceso he descubierto que Digimon tiene mucho más fondo del que le suponía. Vayamos por partes, porque este juego da para hablar bastante y no todo es bueno.
La historia: aquí es donde el juego me perdió
Voy a empezar por lo peor y así nos quitamos el trago. Time Stranger te mete de golpe en la acción, con poca explicación y sin que entiendas realmente nada hasta pasado un buen rato.
Eres un agente de ADAMAS, la organización que investiga anomalías digitales, y una catástrofe en Tokio te manda ocho años al pasado con la misión de evitar lo que está por venir mientras ocultas de dónde vienes. Sobre el papel suena estupendo. En la práctica, el juego asume que ya conoces el universo Digimon, sus personajes y su lógica interna, y si vienes limpio como yo, eso se hace duro. No te voy a engañar en esto.
Y luego están los personajes, que para mí son el punto flojo del conjunto. Son planos. Eres un agente que busca dónde están las anomalías; la chica a la que salvas al principio no acaba de justificar por qué te importa, y cuando entra en juego el viaje en el tiempo, todo se vuelve más raro sin que yo llegase a conectar con ninguno. Sigo sin engancharme con ellos, y eso en un JRPG suele ser mortal.
Suele. Porque aquí no lo ha sido, y esa es la clave de esta review: Este Digimon me ha retenido por sus sistemas, no por su guion.
Jugabilidad: lo mejor del juego
El primer choque cultural viniendo de Pokémon fue la captura. Al principio me costó entenderlo, porque yo iba buscando el equivalente a la bola: pensaba que tenía que capturarlos. Aquí no. Peleas contra un Digimon las veces necesarias hasta acumular un porcentaje, y cuando lo tienes, puedes generar tu propia copia.
Y hay un detalle de diseño que me ganó del todo: el juego te muestra ese porcentaje durante el combate, así que tienes la información delante para decidir contra quién merece la pena seguir peleando. Puede parecer una tontería, pero es la Diferencia entre entender el sistema en diez minutos o pelearte con él durante horas. Para alguien nuevo, ese nivel de claridad es un plus enorme.
El combate por turnos me gustó mucho, y voy a decir algo que sé que va a escocer: me parece más profundo que el de Pokémon, que al lado se queda muy simple. El triángulo de Vacuna, Virus y Datos es fantástico como base, y encima tienes cuatro atributos más y once elementos con los que jugar. Los Cross Arts, las técnicas que fusionan tu Digivice con el poder de tus Digimon, añaden una dimensión extra para arañar ventaja en todo momento. Y la timeline de turnos te deja anticipar en lugar de rezar.
Mención aparte para los golpes preventivos. Los enemigos son visibles en el mapa y puedes esquivarlos o atacarlos antes de que reaccionen, y eso es precisamente lo que hace que esto parezca un mundo abierto de verdad. Nada de mundo abierto de mentira donde de repente te salta un combate aleatorio: tú decides y tú atacas. El juego se lo trabaja desde el principio y se nota.
La dificultad depende mucho de con qué Digimon te cruces, así que va a rachas, pero los jefes están a otro nivel. Ahí sí hay que pensar.
Y si el combate me gustó, la colección me gustó todavía más. El sistema de personalidades, con dieciséis tipos que condicionan cómo crecen las estadísticas, qué habilidades aprenden y hasta las rutas de digievolución, es una capa distinta que otros juegos del género deberían copiarse sin pudor. Las evoluciones ramificadas y la posibilidad de desdigievolucionar para volver a una forma anterior te dan un margen para experimentar que no había visto así. De la DigiGranja, en cambio, tengo que admitir que apenas la toqué.
Lo que sí me sacó de quicio son los menús. Das muchísimas vueltas para llegar a opciones básicas: evolucionar, subir de nivel, consultar estados. Es la clase de fricción que se acumula, porque en este juego el menú es tu casa y pasas ahí una barbaridad de tiempo.
Del mundo, el faseado entre presente y pasado no me pareció mal en absoluto. Y lo más curioso, sin duda, es el pasado: ver los mismos lugares completos, funcionando, con gente, y luego verlos arrasados en su versión apocalíptica. Ese contraste es la mejor idea visual del juego.
Apartado técnico: los Digimon se comen la pantalla
Ahora entiendo por qué se insistió tanto en que los más de cuatrocientos cincuenta Digimon están modelados desde cero. Se ven fantásticos. De hecho, es una de las cosas que más me metió dentro del juego, y viniendo de alguien que no arrastraba nostalgia por estos bichos, eso dice bastante.
Los modelos de personajes humanos no destacan tanto, aunque tampoco desentonan con lo que uno espera de la serie. Yo lo veo como anime estándar: correcto, sin llegar al nivel de detalle que CyberConnect2 les saca a sus personajes. Y el Tokio del juego, con sus Shibuya y sus Akihabara, es una versión muy digna de cualquier Japón de anime, con un aire que me recordó al estilo de Your Name. El Mundo Digital de Iliad, en cambio, se queda un poco por debajo de esas zonas urbanas.
En la versión de Switch 2 tienes modo calidad a 30 fotogramas y modo rendimiento a 60. Yo tiré de los 30 sin dudar, porque en un juego por turnos que no te exige reflejos, ¿para qué quiero la otra opción? Ni una rascada en todo el rato. Los tiempos de carga sí me parecieron algo largos para lo que suele mover esta consola.
Apartado sonoro: lo más olvidable
La banda sonora es muy normalita. Me llamó la atención lo justo, y en un juego de estas horas eso es una lástima. Aspecto normal, normal.
Jugué con las voces en inglés y son correctas. La traducción al español, que por fin llega a la saga después de tantos años, está muy bien hecha. Y sobre el protagonista mudo: a mí no me saca del juego, porque lo he vivido en la mayoría de Pokémon y estoy acostumbrado, pero es algo que en 2026 ya merecería cambiarse.

Conclusión: vas a disfrutarlo y mucho
Digimon Story: Time Stranger es la digievolución que la saga necesitaba para jugar en la liga de la nueva generación. No por la historia, que se atraganta al principio y nunca llega a darme personajes que me importen, sino por todo lo que hay debajo.
Si te gusta el coleccionismo y las aventuras al estilo Pokémon, pero quieres una trama que no esté tan trillada, sin gimnasios ni medallas ni el mismo camino de siempre, esto te va a interesar. Y te aviso de una cosa: los Digimon no son ni de lejos tan achuchables como los Pokémon, ahí no hay debate. Lo que tienes en cambio es un mundo fascinante y unas mecánicas de evolución y adquisición que merecen mucho la pena por lo distintas que son. El combate, ya te lo he dicho, tiene bastante más fondo.
Pasa de largo si no te gustan los combates por turnos o si las tramas japonesas se te atragantan, porque aquí hay mucho de las dos cosas y el juego no piensa ponértelo fácil en las primeras horas.
Yo entré sin saber nada de Digimon y he salido queriendo saber más.