Cuando Sam Raimi tuvo su primer éxito gracias a Posesión Infernal, allá por 1981, pronto empezó a pensar en una secuela. Aunque él quería hacer El ejército de las tinieblas, lo cierto es que le obligaron a hacer una especie de remake-secuela de la primera parte con más presupuesto y comedia que acabó convirtiéndose en Terroríficamente muertos. Sin embargo, como tardaron en seguir la franquicia, hubo un país que decidió tomar las riendas y hacer algo muy común en aquella época: empezar a inventarse secuelas por las buenas.
Llaman a la puerta otra vez, ya va, ¿quién es?
Si vivís fuera de Italia, Posesión Infernal es una saga muy sencilla de seguir: son 5 películas y un remake, al que se puede sumar el corto que hicieron Raimi y Bruce Campbell como manera de demostrar que era posible crear una película de terror de bajo presupuesto. Sin embargo, en Italia la cosa se complica, porque allí La Casa (el nombre que le pusieron a la primera película) cuenta con 10 entregas de las que tan solo 5 pertenecen a la saga principal.
Viendo el éxito de la saga, Joe D’Amato decidió continuarla por su cuenta de manera no oficial en 1988 con La Casa 3, dirigida por Umberto Lenzi y en las que una chica fantasmal y su muñeca encantada crean el caos en una casa abandonada. Fue otro éxito que consiguió cierto tirón en el extranjero, donde se retituló como Ghosthouse, y les dio alas para lanzarse a por La Casa 4, protagonizada en este caso por el mismísimo David Hasselhoff. Sí, David Hasselhoff sale de alguna manera en Posesión Infernal, aunque es posible que ni él lo sepa porque en el resto del mundo fue conocida como Witchery.

La trama ya no tenía nada que ver con una casa, ni con demonios, ni con nada, y La Casa se convirtió en un recopilatorio de historias sin unión entre sí. Aún se haría otra película más de La Casa puramente italiana: La Casa 5, conocida más allá de sus fronteras como Beyond Darkness, volvía a desarrollarse en una casa encantada, en esta ocasión por el espíritu de veinte brujas que fueron quemadas allí. La cosa empezaba a oler, y claramente necesitaban parar… o redoblar la apuesta. Por supuesto, ya sabéis lo que hicieron.
Cuatro año después del éxito de La Casa se estrenó otra película que fue un éxito moderado en el país: House, una casa alucinante (que allí se llamó Chi è sepolto in quella casa?). Ante la falta de ideas para La Casa 6, decidieron que era el momento de resucitar la saga, y House II se transformó, de golpe y porrazo, en la sexta parte de otra saga muy distinta, una tradición que continuó House III, que se convirtió en La Casa 7. Y ahí se acabó la broma… durante unos años.

House IV se estrenó con su nombre original (bueno, House IV – Presenze impalpabili) y El ejército de las tinieblas, finalmente, se desvinculó de la saga y se tituló, directamente, L’armata delle tenebre. El experimento quedó olvidado y en la desgracia hasta que en 2013, el remake de Posesión Infernal volvió a llamarse La Casa, algo que ha continuado hasta ahora con las dos secuelas de los últimos años, La casa – Il risveglio del male y La Casa: Il rogo del male. Al menos ya no se les está ocurriendo meter una de Scream en la saga, algo hemos avanzado.
Porque sí, está muy bien lo de la nostalgia, pero está aún mejor darle un par de vueltas a que quizá todo tiempo pasado no fue mejor: simplemente, fue anterior.