Otro vendrá que bueno me hará. Este dicho popular, poco usado según el Centro Virtual Cervantes, se aplica muy bien a Shawn Layden. Muy poco querido durante su mandato al frente de Sony, está teniendo una especie de arco de redención. Sin el peso de tener que llevar adelante una multinacional adelante, parece que sus opiniones son muy diferentes a las que tenía cuando estaba al frente del timón. O al menos, mucho más sensatas de quienes están ahora al frente de ese mismo barco. Porque una vez más, el antiguo ejecutivo y líder de la marca nipona, ha decidido hablar con una sensatez que no esperábamos de un directivo.
Como directivo en Sony durante 30 años, conoce bien todos los entresijos de la empresa, algo que le ha valido su actual trabajo como consejero para numerosas empresas. Incluido la gigante china Tencent. Donde, actualmente, está recomendando hacer exactamente lo contrario a lo que está haciendo toda la industria: reducir la escale de los proyectos, los equipos y de ese modo, descongestionar el problema con los presupuestos.
A ojos de Layden, es necesario volver a hacer juegos de presupuestos más modestos. El crecimiento perpetuo no funciona. Y tiene razones para ello. Arguyendo que «cuando un juego cuesta de hacer 5 millones de dólares, tú puedes cobrar 59.99 dólares, pero cuando cuesta 125 millones de dólares, tú cobras 59.99 dólares, así que las matemáticas no funcionan». Diciendo que, por pura lógica, es imposible mantener los costes actuales de los videojuegos. No cuando «la comunidad de jugadores han dicho que no quieren pagar más de 60 dólares por un videojuego».
Esto es algo que hemos visto en los últimos años. Con el crecimiento de los presupuestos, el salto con cada nueva generación ha supuesto el salto también del precio base de los juegos. De 60 a 70 euros, y actualmente haciendo un ademán para llegar hasta los 80. Pero la realidad es que, al hacer esto, los juegos venden menos de salida, invitando a los jugadores a esperar a las inevitables ofertas para adquirir los juegos.
Es por eso que, según Layden, en la industria están chocándose contra un muro. Si se gastan 150 millones en hacer un juego triple-A, entonces están obligados a hacer una secuela. Esto se debe a que todos los riesgos están definidos a través de unas matemáticas que simplemente no encajan con la realidad material de las cosas. Lo que ven los CEO y los jefes de finanzas es que el precio de un juego no va acorde con su coste y que, si funciona, no compensa intentar arriesgarse con algo diferente. Es mejor seguir explotando lo que ya se sabe que funciona.
De ahí que existan tantos clones del mismo juego. Tantos DLC, microtransacciones y pases de batalla. Porque es un modo de hacer dinero minimizando los riesgos en una economía que no funciona. Pero entonces, ¿qué propone Layden? Literalmente, desescalar. Hacer juegos más baratos.
En sus propias palabras «es hora de hacer un reinicio radical en el modelo de negocios, un reinicio radical de lo que es un videojuego». Los presupuestos inmensos, los juegos de más de 50 horas, los gráficos hiperrealistas, son insostenibles en una industria que cada vez tiene más problemas para sostenerse. Y eso requiere cambiar cómo se aborda la producción de los videojuegos. Pero también el cómo pensamos los videojuegos y lo que deben ser los mismos.
¿Es posible lo que propone Layden? Sólo el tiempo lo dirá. Pero cuando el ex-presidente de Sony dice que el modelo actual es insostenible y que nos dirigimos al precipicio, quizás no sean discursos apocalípticos. Quizás sea hora de empezar a repensar la industria del videojuego. Y lo que debe ser un videojuego, en general.