A comienzos de 2026, Excalibur, la película artúrica que John Boorman estrenó en 1981, volvió al centro de la conversación por la restauración en 4K que lanzó Arrow Video.
La película salió de un proyecto caído. Boorman venía de ver frustrada su adaptación de El Señor de los Anillos para United Artists y, bastante antes de que J. R. R. Tolkien se convirtiera en una presencia dominante en Hollywood, ya perseguía una gran epopeya fantástica. Aquel fracaso acabó reconvertido en una de las obras más singulares y ambiciosas que ha dado el género.
Cuarenta y cinco años después, la reputación de Excalibur sigue creciendo. Lo que en su estreno despertó reservas por su estructura extraña y su tono grandilocuente hoy suele leerse como una elección artística hecha a conciencia. Por eso ahora se entiende menos como un relato fantástico convencional y más como el intento deliberado de atrapar la fuerza bruta de una leyenda.
Excalibur adapta el material artúrico reunido por Thomas Malory en Le Morte d’Arthur, el texto de finales del siglo XV que condensó siglos de leyenda, poesía caballeresca y folclore.
Pero Excalibur nunca busca ordenar ese material como si fuera una aventura contemporánea, con giros calculados y un desarrollo lineal. Su avance a fragmentos, los grandes saltos temporales, los diálogos estilizados y esas escenas compuestas casi como cuadros no son rarezas accidentales, son parte central de la propuesta. Boorman y su coguionista Rospo Pallenberg entendieron que Arturo, Merlín, Ginebra y Lanzarote funcionaban mejor como figuras míticas que como personajes realistas en el sentido moderno.
El propio Boorman lo resumió de forma muy clara cuando habló de una “verdad mítica, no histórica”.
Lo que quería levantar era un mundo comparable, en espíritu, a la Tierra Media de Tolkien: un lugar hecho de símbolos, atmósfera y pulsiones primarias, más que de precisión histórica. Y, de hecho, cuando la adaptación de Tolkien se vino abajo, Boorman recicló en Excalibur buena parte de aquellas ideas visuales y temáticas: armaduras que brillan de una forma imposible, bosques húmedos y sobrenaturales, una sensación constante de destino trágico. La película no solo bebe de Malory. También recoge el motivo del Rey Pescador y ecos de The Golden Bough, de James George Frazer, con esa unión entre la salud del rey y la fertilidad de la tierra.
Rodada por completo en Irlanda, Excalibur fue importante para la industria local y reunió a un reparto que después acabaría jugando en primera división, con Helen Mirren, Liam Neeson, Patrick Stewart y Gabriel Byrne, entre otros.
Su estilo visual le dio a Excalibur una nominación al Oscar a la mejor fotografía, y el uso de Richard Wagner y Carl Orff quedó ya para siempre pegado a su tono mítico. Con un presupuesto de unos 11 millones de dólares, la película recaudó alrededor de 35 millones en la taquilla estadounidense y ganó el premio a la Mejor Contribución Artística en Cannes en 1981. En su momento, la crítica se partió por su aparente falta de coherencia. Hoy, en cambio, Excalibur suele citarse como una piedra angular de la fantasía oscura, con una influencia visible tanto en la trilogía de Peter Jackson como en Game of Thrones.