Ubisoft está atravesando una crisis significativa tras el fracaso de Skull and Bones, un proyecto que costó $200 millones y que no logró capturar el interés del público. Este revés se suma a una serie de problemas que han afectado a la empresa, incluyendo despidos masivos, el cierre de estudios y una creciente insatisfacción entre los empleados, quienes han protestado por la obligación de regresar a las oficinas.
La salida de personas clave ha perjudicado a la empresa
La salida de numerosos directivos y creativos clave ha disminuido tanto la calidad como la cantidad de los nuevos juegos de Ubisoft. Alex Hutchinson, exdirector creativo de Far Cry 4 y Assassin’s Creed 3, sugiere que esta disminución se debe a varios factores acumulativos, entre ellos, una fuga de talento que se intensificó en los últimos años. Esto ha complicado la gestión de grandes equipos, especialmente en un entorno de trabajo remoto que ha dificultado el aprendizaje y la colaboración entre empleados.
Uno de los ejemplos más notables de la falta de innovación en Ubisoft es el juego Pioneer, que originalmente iba a ser una experiencia de exploración pacífica. Sin embargo, fue cancelado y transformado en un shooter cooperativo, reflejando la renuencia de la empresa a arriesgarse con conceptos nuevos.
A medida que Ubisoft navega por esta reestructuración, los esfuerzos incluyen el establecimiento de ‘casas creativas’ que podrían restaurar la autonomía de los estudios en sus proyectos. Sin embargo, este cambio llega en un momento crítico y podría llevar años antes de que los jugadores vean resultados tangibles. Mientras tanto, el control de Tencent sobre el 26% de la recientemente formada subsidiaria Vantage Studios para Assassin’s Creed añade otra capa de complejidad a la situación de la empresa.
Con cada nuevo obstáculo que supera, el camino hacia la recuperación se vuelve cada vez más incierto para Ubisoft.