‘Independence Day’, la película de Roland Emmerich, sigue teniendo hoy, 4 de julio, un sitio muy especial en la cultura popular, casi 30 años después de su estreno. Llegó a los cines el 3 de julio de 1996 y, desde entonces, ha dejado de ser una simple rareza muy representativa de su tiempo para convertirse en toda una tradición: un blockbuster descomunal, ruidoso, sentimental y hecho para lucirse en pantalla grande, aunque ahora también mantenga mucha presencia en streaming.
Su importancia histórica, además, está fuera de duda. En 1996 fue la película más taquillera del año, con más de 817 millones de dólares recaudados en todo el mundo frente a un presupuesto de 75 millones, y también rompió récords en su llegada a salas con un fin de semana de estreno de 50,2 millones, una cifra gigantesca para aquel momento.
El triunfo de ‘Independence Day’ sirvió para afianzar una clase de superproducción que Hollywood explotó durante años: el gran “evento cinematográfico” sostenido sobre destrucción masiva, efectos visuales de primer nivel y una campaña de marketing imposible de esquivar. De hecho, ‘Independence Day’ suele aparecer una y otra vez como uno de los puntos de giro en el regreso del cine de ciencia ficción y del cine de catástrofes a gran escala durante la segunda mitad de los 90.
Mucha de la expectación llegó incluso antes del estreno. El tráiler de ‘Independence Day’ emitido durante la Super Bowl, con aquella imagen ya icónica de la destrucción de la Casa Blanca, acabó convertido en una pieza promocional histórica. Fue una de esas campañas que te vendían una película con un solo plano y la empujaban de “estreno muy esperado” a fenómeno cultural.
Hay otro factor que explica por qué ‘Independence Day’ sigue tan viva: la forma en que mezcla los efectos digitales propios de la época con miniaturas y efectos prácticos que, para muchos espectadores, todavía aguantan sorprendentemente bien. Esa mezcla le da una textura física muy concreta, algo que hoy se echa en falta en buena parte del cine que depende demasiado del CGI.
El reparto también tuvo mucho que ver con el legado de ‘Independence Day’: Will Smith terminó de afianzarse como estrella global, Jeff Goldblum llevó a la película ese carisma nervioso tan suyo y Bill Pullman dejó, con su discurso presidencial, uno de los momentos más recordados del cine comercial de los 90. Aunque en su estreno la crítica estuvo bastante dividida, el público entró de lleno en la propuesta y, con el paso del tiempo, la película ha quedado colocada como una película palomitera en el mejor sentido de la expresión: una experiencia colectiva, exagerada y muy fácil de disfrutar.
Y luego está el mensaje, que también ayuda a entender su duración. La historia de una humanidad unida frente a una amenaza común conserva un tono optimista que todavía conecta, así que esa idea de unidad, sumada al espectáculo visual, explica bastante bien por qué vuelve cada verano. Si te apetece recuperarla ahora, toca mirar la disponibilidad en tu región: aunque a veces aparezca mencionada como un título “gratis”, ‘Independence Day’ se encuentra hoy con más frecuencia en servicios de suscripción como Disney+ que, de manera habitual, en plataformas gratuitas con anuncios.