Instagram ha salido hoy a defender, por boca de Adam Mosseri, que no tiene intención de sacar en bloque de sus recomendaciones las publicaciones creadas con IA. Lo que sí quiere hacer es etiquetarlas. La idea, según explicó, pasa por marcar ese material de forma clara y dejar que cada usuario decida si prefiere ver más o menos de ese contenido en su feed. La discusión cae de lleno en uno de los debates del momento: cómo convivir con la avalancha de imágenes y vídeos sintéticos sin destrozar la experiencia dentro de la app.
Mosseri lo planteó así: Instagram no debería retirar ni filtrar de forma general este tipo de publicaciones, sino avisar al usuario cuando una pieza haya sido creada o modificada con sistemas automatizados. Su argumento parte de algo bastante simple. No todo el mundo rechaza ese contenido. Por eso, quienes no quieran verlo no tendrían por qué encontrárselo en su feed, y quienes sí lo disfruten podrían acabar teniendo una experiencia muy centrada en ese tipo de material.
El control, por tanto, estaría en la personalización del feed, no en un interruptor universal con el que excluir por completo estas publicaciones.
La postura, además, va en la misma línea que la de otras grandes plataformas como TikTok, YouTube o Facebook, que a día de hoy están dando prioridad al etiquetado antes que a una opción directa para bloquear todo el contenido sintético. El gran escollo, de todos modos, es técnico. El propio Mosseri ha admitido que detectar contenido generado con IA ya es difícil, y que seguramente lo será todavía más cuando los modelos sigan mejorando.
Llevado a la práctica, eso podría empujar a Instagram a moverse con categorías de probabilidad, separando entre contenido “probablemente” generado, material “incierto” o piezas “no generadas”.
Con ese panorama encima de la mesa, Meta, la matriz de Instagram, baraja otra salida: verificar mejor el contenido auténtico, el que se ha grabado o fotografiado con una cámara y ha sido creado por personas, en lugar de intentar detectar absolutamente todo lo sintético. La idea recuerda bastante a propuestas anteriores de la compañía sobre huellas digitales y sistemas de certificación para medios reales.
Mientras tanto, Meta sigue desplegando dentro de su propio ecosistema herramientas creativas para generar imágenes, incluidas funciones con las que se pueden montar composiciones en las que aparecen otros usuarios al etiquetarlos. Mosseri ha dicho que Instagram tiene que ponerse más duro con el spam generado en masa, pero estas novedades ya han encendido las alarmas entre grupos centrados en seguridad y privacidad.
El National Center on Sexual Exploitation ha avisado de riesgos como el acoso, el abuso sexual, la explotación, la suplantación de identidad y el uso sin consentimiento de fotos públicas de perfil. A eso se suma otra crítica: según algunas voces, determinadas cuentas públicas estarían incluidas por defecto en este tipo de funciones.
La decisión llega, además, en un momento en el que crece el rechazo al slop, ese alud de publicaciones de baja calidad generadas automáticamente. Algunos creadores llevan tiempo diciendo que los algoritmos de recomendación y las nuevas herramientas de Instagram empeoran el problema. Y un sondeo citado en este contexto apuntaba a que el 63% de los consumidores estaba menos dispuesto a interactuar con contenido generado con IA.
Por ahora, no se sabe si Instagram acabará ofreciendo una opción directa para excluir por completo este tipo de contenido.