Intel paró por completo el 14 de octubre de 2026 la actividad de Fab 28, su planta de Kiryat Gat, en Israel, después de una explosión mortal que dejó dos trabajadores fallecidos y a una tercera persona en estado grave.
El accidente representa uno de los golpes operativos más duros para Intel en los últimos años. Y llega, además, cuando la compañía ya venía arrastrando problemas para cubrir la demanda de CPU para centros de datos.
La explosión ocurrió en una instalación clave para sus tecnologías de 10 nm, entre ellas Intel 7. Según la investigación preliminar, el origen podría estar en el fallo de un cilindro de gas vinculado al trifluoruro de nitrógeno, aunque Intel todavía no ha hecho públicas conclusiones definitivas.
La planta estuvo completamente detenida durante unas dos semanas. Intel indicó que la producción debía empezar a remontar al final de esa misma semana, pero evitó poner fecha al regreso a plena capacidad. Y ese detalle importa, porque volver a encender líneas de semiconductores no significa recuperar al instante el ritmo normal de fabricación.
Fab 28 ocupa un lugar importante dentro de la producción de chips de servidor basados en Intel 7. El golpe se concentra, sobre todo, en la familia Xeon y en otros productos de 10 nm. Incluso Xeon 6 depende de dies de entrada y salida fabricados con Intel 7, mientras que Xeon 5 Emerald Rapids y Xeon 4 Sapphire Rapids también se apoyan en ese nodo.
Intel no ha dicho qué familias de Xeon están más expuestas, cuántos wafers quedaron dañados ni qué parte del material en proceso podrá recuperarse. Así que sigue siendo difícil calcular cuándo se normalizarán los envíos, sobre todo porque algunos clientes ya estaban viendo plazos de entrega muy largos en ciertos mercados.
Aunque Intel tiene otras fábricas con capacidad para producir a 10 nm, en Arizona y en otras ubicaciones, sustituir el volumen de Fab 28 no es algo que se resuelva sin más.
Parte de esa capacidad ya estaba muy ocupada, algunas líneas están reservadas para otros productos y no todas las plantas tienen las mismas homologaciones para absorber de inmediato cada diseño concreto. Por eso, una parada de solo dos semanas puede acabar convirtiéndose en interrupciones bastante más largas en el suministro real, especialmente en chips de servidor, donde la validación y el empaquetado añaden complejidad.
Intel calcula que la interrupción le costará unos 600 millones en ingresos perdidos, repartidos por igual entre el cuarto trimestre de 2026 y el primero de 2027. A eso se suma un impacto de alrededor de 2 puntos porcentuales sobre su margen bruto no GAAP en el cuarto trimestre.
Pero el problema no se queda en las cifras de corto plazo. El accidente mete todavía más presión sobre el negocio de servidores de Intel en un momento en que muchos clientes siguen lidiando con escasez y podrían empezar a mirar otras opciones. El mercado también reaccionó con nerviosismo cuando se conoció el alcance económico del incidente, una señal bastante clara de hasta qué punto una sola planta sigue siendo crítica dentro de la cadena de suministro de chips avanzados.
Por ahora, no se sabe cuándo Fab 28 recuperará toda su capacidad.