La Terminal B del aeropuerto LaGuardia, en Nueva York, ya tiene un nuevo “patrullero” recorriendo sus instalaciones: un robot de cuatro ruedas, con cierto aire de perro mecánico, desarrollado por Skild y puesto a prueba por ABM en un piloto centrado en la calidad del aire interior. No está ahí para revisar maletas ni para tratar con los pasajeros. Su trabajo va por otro lado: vigilar qué pasa con el ambiente dentro de la terminal.
Con su llegada, crece la presencia de máquinas autónomas en estos pasillos. Allí ya trabajan aspiradoras y fregadoras robotizadas.
La incorporación de este equipo encaja con la línea que sigue el aeropuerto desde hace tiempo, cada vez más volcado en automatizar tareas para reforzar la limpieza, afinar la operación diaria y hacer un poco más llevadero el paso de millones de viajeros. En este caso, el llamado “robot perro” cumple una función bastante menos visible. Pero en un espacio cerrado y con tanto movimiento, también puede ser de las más útiles.
Su cometido principal es controlar las condiciones del aire. Para hacerlo, lleva sensores capaces de medir contaminantes y otros parámetros ambientales. Eso le permite detectar, por ejemplo, zonas donde el aire se queda más estancado o donde la ventilación no está funcionando como debería dentro de la terminal. En un aeropuerto, donde la circulación de personas no se detiene y la densidad en las zonas comunes cambia de un momento a otro, una supervisión así puede servir para mantener un entorno más saludable y para localizar incidencias antes de que acaben convirtiéndose en un problema operativo.
El robot ha sido desarrollado por Skild y lo ha puesto en marcha ABM, la compañía de mantenimiento que ahora mismo está comprobando cómo responde en condiciones reales.
LaGuardia Gateway Partners, que opera la Terminal B, es quien está empujando esta apuesta más amplia por la automatización. De momento todo sigue en fase piloto, así que ABM no solo está midiendo la fiabilidad técnica del robot. También está viendo cómo se mueve en la rutina diaria del aeropuerto: cómo circula entre los viajeros, cómo se coordina con el personal y hasta qué punto aporta algo frente a los procesos de siempre. El coste del proyecto, por ahora, no se ha hecho público.
Según LaGuardia Gateway Partners, la robótica permite aumentar la frecuencia de las tareas de limpieza y monitorización sin que la carga operativa crezca al mismo ritmo. La intención es que el servicio salga más rentable, que la operativa gane eficiencia y que el pasajero note una experiencia mejor. Todo esto encaja, además, con el perfil tecnológico y sostenible que la Terminal B lleva tiempo cultivando. Cuenta con certificación ambiental LEED Gold y mantiene el foco en operaciones más respetuosas con el entorno, incluida la calidad del aire interior.
LaGuardia, de todos modos, no va sola por este camino. Otros aeropuertos ya han hecho pruebas con robots parecidos: en Múnich se han utilizado para patrullar almacenes de carga y en Fairbanks se han puesto a trabajar en el control de fauna en las pistas.
Aun así, estos despliegues no siempre pasan sin ruido. LaGuardia ya probó en 2018 un robot de seguridad que dejó opiniones divididas y reavivó dudas sobre privacidad, espacio personal y empleo. Por ahora no está claro si este piloto acabará convertido en un despliegue permanente o si terminará abriendo un debate parecido.