El futuro puede ser muy brillante. Pero por dos razones, la primera porque las cosas vayan a mejor gracias a la IA, quien suministrará y gestionará mejor que nosotros los recursos del planeta. La otra opción es que lo brillante de nuestro futuro sean las bombas superinteligentes que destruyan la vida en la Tierra.
El ministro de Asuntos Exteriores de Austria comparó el lunes el auge de la inteligencia artificial militar con la crisis existencial a la que se enfrentaron los creadores de la primera bomba atómica, y pidió la prohibición de los “robots asesinos”.
“Creo que estamos ante el momento Oppenheimer de nuestra generación”, declaró Alexander Schallenberg al inicio de la conferencia “La humanidad en la encrucijada: Los sistemas de armas autónomos y el reto de la regulación”.
O paramos esta escalada… o Skynet nos acabará destruyendo
“Los sistemas de armas autónomas pronto llenarán los campos de batalla del mundo. Ya lo estamos viendo con los drones dotados de IA y la selección de objetivos basada en IA”, afirmó el ministro.
Las declaraciones de Schallenberg se producen pocas semanas después de que la Fuerza Aérea de EE.UU. y la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA, por sus siglas en inglés) detallaran sus esfuerzos por poner la IA al mando de tanques e incluso de un caza F-16. Como ya hemos informado, desde hace años se está trabajando para aumentar la autonomía de las plataformas armamentísticas. También en la aviación civil.
Schallenberg considera que la IA es la mayor revolución en la guerra desde la invención de la pólvora, pero cree que es mucho más peligrosa. El siguiente paso lógico en el desarrollo de la IA militar consistirá en eliminar a los humanos del proceso de toma de decisiones, por lo que cree que no hay tiempo que perder.
“Ahora es el momento de acordar reglas y normas internacionales que garanticen el control humano”, afirmó el ministro. “Al menos, asegurémonos de que la decisión más profunda y trascendental: quién vive y quién muere siga en manos de humanos y no de máquinas”. Duras y ciertas palabras de una de las voces autorizadas en Europa para hablar de estas cuestiones.