La industria del videojuego está cambiando. Ya lleva varios años haciéndolo. La crisis de los microconductores de años atrás sólo era un preludio de lo que estamos viviendo: existe un evidente estancamiento de los precios. Los componentes no bajan sus precios, las consolas parecen vivir en un limbo, y nada sigue el curso natural que siempre han seguido. Algo que sólo parece haber empeorado con el anuncio de la nueva consola de Sony, la PlayStation 5 Pro. Pero, ¿está tan mal como dice la gente?
Primero, vamos a contar lo ocurrido. El pasado 10 de septiembre desde Sony emitieron un streaming donde presentaron una actualización de su actual consola, la PlayStation 5 Pro. Sus funciones claves de rendimiento, según han indicado, es que su GPU tiene un 67% más de unidades de procesamiento y un 28% más de memoria, lo que ofrece un renderizado un 45% más rápido. Eso sumado a un mejor trazado de rayos, que permitiría alcanzar el doble o hasta el triple de las velocidades de la PlayStation 5 actual, y la Súper resolución Espectral de PlayStation, una mejora de la resolución a través de IA, sería posible conseguir mucha mejor calidad de imagen sin sacrificar el rendimiento en los juegos.
Todo esto, según prometieron, llegaría con parches específicos para una serie de juegos específicos de PlayStation 5. Además, el PS5 Pro Game Boost, añadiría mejoras hasta 8.500 juegos de PlayStation 4, retrocompatibles con la consola.
Entonces, ¿dónde está el problema? Que nada de esto se vio en la conferencia. Debido a la comprensión del streaming, las diferencias que se vieron en imagen o rendimiento entre ambas consolas fueron muy poco notables. Incluso en comparativas que han aparecido después, de sujetos independientes, no demuestran una diferencia radical en rendimiento. O al menos, no en juegos que no tuvieran problemas de optimización: el único juego que se ha demostrado que tiene un cambio radical a este respecto es Final Fantasy VII Rebirth, el cual ya fue polémico a su salida por sus problemas gráficos.
Un salto relativamente pequeño, como es el que parece que supondrá, no sería un problema por sí mismo. Excepto porque el precio y lo que ofrece al respecto sí es un salto bastante serio. Porque PlayStation 5 Pro cuesta la friolera de 799.99€. A lo cual hay que sumar el precio del reproductor de discos y la peana, si queremos jugar nuestros juegos físicos o tenerla en posición vertical.
Ese es el problema. El precio. Pedir ochocientos euros en un momento que la gente tiene problemas económicos no parece una idea muy inteligente. Menos aún cuando las consolas nunca se han movido en ese rango de precios y la propia Sony, cuando intento elevar el precio a unos ya absurdos 599.99€ con PlayStation 3, tuvo que admitir que fue un error garrafal que casi les cuesta la generación. Y que lo hubiera hecho de no ser porque, por algún motivo, Xbox decidió tirar la toalla a mitad de la misma con su 360 sin siquiera tener ningún motivo para hacerlo.
¿Qué motivo pueden tener para poner una consola claramente subóptima por 799.99€? Se nos ocurren, al menos, tres. El primero de ellos es que quieran probar las aguas. Ver si el mercado está preparado para una subida generosa del precio de las consolas, donde no tengan que sacarlas a pérdidas, como han hecho desde la primera generación de PlayStation. El segundo de los motivos podría ser que los directivos es que piensan en PlayStation como en Apple. Creen que es una compañía de early adopters, de gente que saltará al último producto de la compañía por su prestigio asociado, y que el precio no sólo no será un motivo que les detenga, sino que les motive a comprarla. El tercero es pura y dura soberbia. Simplemente, querer ganar el máximo dinero y no atender a nada más que intentar sacar el máximo beneficio posible.
En cualquiera de los casos, el éxito o el fracaso de PlayStation Pro puede acabar determinando el futuro de PlayStation 6. Quizás, incluso del videojuego. El éxito de esta consola a este precio no les impediría sacar su próxima consola a un precio muy superior al de PlayStation 4 o 5. El fracaso les haría replantearse el precio de la consola, o incluso cuáles serán sus características técnicas o exactamente la clase de compañía que quieren ser en el futuro.
Porque recordemos: Sony está en una fase de transición. Tras el despido de Jim Ryan, esta es su última bala. Su último gran diseño. Los directivos han podido cambiar aspectos de marketing, ajustar el precio, pero la consola y todo lo que la rodea ya les ha venido dado. Y Hiroki Totoki es un presidente interino. Aún no se ha decidido quién será el siguiente presidente de Sony o cuál será la forma que dará a la compañía. Si seguirá los pasos de Ryan con lo que hizo en PlayStation 4 y 5, si volverá sobre los pasos de Shuhei Yoshida, o si tendrá un acercamiento completamente diferente.
Por eso es importante PlayStation 5 Pro. Porque de su éxito o su fracaso y de lo que ocurra también dependerá lo que ocurra en los despachos. Y con ello, hacia que lado se mueva la balanza de cómo se operará Sony en el futuro. Si seguirá intentando competir con Microsoft, si volverá a intentar ser la antigua Sony o buscará un nuevo camino. Pero todo eso dependerá, entre otras cosas, de PlayStation 5 Pro. Y si triunfa, algo es seguro: el futuro no luce positivo para los jugadores.