Meta, la empresa matriz de Facebook e Instagram, ha aceptado hoy una propuesta de acuerdo de hasta 17.000 millones de dólares promovida por una coalición de fiscales generales de varios estados de EE. UU. Con ese pacto, la compañía busca cerrar las demandas que la acusan de haber contribuido a problemas de salud mental entre adolescentes a través del diseño de sus plataformas. La idea es reforzar la seguridad de los menores en Facebook e Instagram, y el alcance de la iniciativa va más allá de una indemnización económica récord.
El acuerdo pretende poner fin a las acusaciones de que Meta incorporó funciones deliberadamente adictivas y potencialmente perjudiciales para los usuarios jóvenes.
Los demandantes apuntan, en concreto, a los sistemas de recomendación, la reproducción continua de contenido y otras mecánicas pensadas para retener a la gente el mayor tiempo posible. Según sostienen, todo eso habría aumentado los riesgos para la salud mental de los adolescentes. Junto al pago, el pacto incluye medidas concretas para mejorar la protección de los menores, aunque el detalle completo de esas obligaciones todavía podría definirse más adelante, con controles más estrictos y nuevas salvaguardas dentro de la experiencia de los adolescentes en Facebook e Instagram.
Meta ha descrito el acuerdo como un paso relevante y ha insistido en que ya ha destinado recursos a herramientas para jóvenes y familias. Al mismo tiempo, mantiene que otras grandes plataformas, entre ellas TikTok y YouTube, también tendrían que aplicar medidas parecidas.
Aun así, el centro del caso sigue siendo especialmente delicado. Los estados sostienen que Meta sabía que ciertos productos y funciones podían empujar a los menores hacia un uso compulsivo y que, pese a ello, dio prioridad al crecimiento y a la interacción.
La discusión encaja en una preocupación mucho más amplia sobre el efecto del uso intensivo de las redes sociales durante la adolescencia.
Desde hace años, autoridades sanitarias y especialistas vienen avisando de posibles vínculos con ansiedad, depresión, trastornos del sueño y una menor actividad física. Tanto el máximo responsable de Salud Pública de EE. UU. como la Asociación Estadounidense de Psicología han alertado sobre esos riesgos, sobre todo cuando la exposición se alarga y empieza a edades tempranas.
Ese contexto ayuda a entender por qué este litigio ha alcanzado tal dimensión.
Los datos del Pew Research Center indican que la mayoría de los adolescentes usa redes sociales todos los días y que una parte nada menor reconoce estar conectada “casi constantemente”. Por eso inquieta, tanto a los reguladores como a muchas familias, el posible impacto de funciones diseñadas para captar atención durante periodos largos. Algunos expertos en derecho y medicina llegan incluso a comparar estas demandas con los litigios históricos contra la industria del tabaco: argumentan que mecánicas como el scroll infinito o las recomendaciones algorítmicas se diseñaron para disparar la interacción aun con posibles daños para los menores sobre la mesa.
Lo de Meta, además, no ocurre en el vacío. Forma parte de una ola de presión legal y regulatoria sobre las grandes tecnológicas por el efecto de sus servicios en niños y adolescentes en Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido, Canadá y Australia.
Si el acuerdo termina consolidándose en estos términos, puede marcar un antes y un después para el sector, no solo por la cifra, sino porque subiría el nivel de responsabilidad exigido a cualquier plataforma con una audiencia masiva de menores. Todavía no está claro cuándo quedará ratificado de forma definitiva.