Nintendo ha dejado claro hoy, a través de su presidente Shuntaro Furukawa, que su apuesta por el cine no termina con la adaptación en imagen real de The Legend of Zelda. La compañía quiere seguir estrenando películas, una pista bastante nítida de cómo entiende ya el audiovisual: no como un experimento puntual, sino como una forma de llevar sus sagas a gente que quizá nunca ha tocado una de sus consolas.
Furukawa trasladó ese mensaje después del enorme tirón comercial que ha tenido Mario en los cines. Y la lectura es bastante directa: Nintendo considera que la pantalla grande le sirve para ensanchar el alcance de sus franquicias y ponerlas delante de públicos que no suelen entrar por la puerta del videojuego.
La siguiente parada, de hecho, ya está marcada en el calendario. Nintendo ha confirmado que la película de acción real de The Legend of Zelda llegará el 30 de abril de 2027.
La empresa, además, no está vendiendo este proyecto como una excepción dentro de su catálogo. Lo presenta como parte de una hoja de ruta más larga. Por eso Furukawa explicó que Nintendo está levantando una estructura de producción capaz de aguantar nuevos estrenos cinematográficos con cierta regularidad.
Todo encaja con el giro que ha dado la compañía en estos últimos años. Sus franquicias han ido saliendo cada vez más del terreno estrictamente videojueguil, primero con parques temáticos, luego con merchandising, y ahora con una presencia en el cine que cada vez pesa más.
Nintendo también ha señalado que la recaudación mundial conjunta de sus películas de Mario ya ha pasado de los 2.000 millones. Dentro de ese total, The Super Mario Bros. Movie fue la gran locomotora, con más de 1.360 millones recaudados en todo el mundo, siempre según las cifras de la propia empresa.
Ese resultado apunta a algo que en Nintendo ya no parece discutirse demasiado: sus personajes pueden sostenerse como grandes marcas de entretenimiento también fuera de la consola.
Y en el caso de una empresa tan protectora con sus propiedades intelectuales como Nintendo, una estrategia de cine sostenida solo tenía sentido si el primer gran intento salía a lo grande. Eso fue justo lo que pasó con Mario.
Furukawa también detalló para qué cree Nintendo que sirven estas películas. La función, dijo, es muy concreta: dar a conocer a sus personajes en regiones donde el negocio del hardware llega con menos fuerza y acercarlos a usuarios que, por costumbre, no juegan a videojuegos.
Así que el cine acaba funcionando como puerta de entrada. Alguien puede descubrir a Zelda, Mario o Donkey Kong en una sala, y a partir de ahí empezar a interesarse por los juegos, los juguetes, la ropa o incluso por visitar uno de los parques temáticos.
Los analistas del sector llevan tiempo poniendo nombre a ese efecto. Suelen hablar de un “círculo virtuoso” multimedia, en el que cada formato empuja al resto.
Hay otra cuestión de fondo, y tiene que ver con cuánto control quiere mantener la propia Nintendo.
La compañía no quiere quedarse en el papel de simple licenciante de sus franquicias. Insiste en que trabaja muy de cerca con sus socios y en que cada película tiene que encajar con su marca y con su forma de entender creativamente esos personajes.
Esa manera de trabajar también descansa en estructuras internas que Nintendo ha ido montando para esta expansión transmedia, como Nintendo Pictures en el terreno de la producción visual, además de otras áreas centradas en licencias y merchandising vinculadas a sus propiedades.
Aunque Nintendo no ha anunciado de forma oficial qué vendrá después de Zelda, sí hay materiales para inversores y varios informes que apuntan a más huecos reservados para futuras películas. Entre los nombres que más se repiten aparecen Donkey Kong, Star Fox, Kirby, Luigi’s Mansion, Yoshi’s Island y Pikmin.
Por ahora, la única que tiene fecha y confirmación oficial es The Legend of Zelda.
Qué película llegará después de ese estreno, de momento, sigue sin saberse.