Las olas de calor de este verano ya no parecen un episodio aislado. Se repiten más, duran más y aprietan más. Por eso, cosas tan cotidianas como beber agua a tiempo, bajar una persiana o cambiar de habitación pasan a ser una primera línea de defensa dentro de una vivienda familiar, sobre todo si en casa hay niños, personas mayores o alguien con problemas de salud.
En una vivienda familiar, hay varias medidas sencillas que pueden marcar la diferencia en días de calor extremo. No hacen falta obras, ni gadgets, ni grandes gastos. Lo que suele funcionar es la suma de gestos básicos: mantenerse bien hidratado, exponerse menos al calor y ordenar un poco los hábitos de casa.
Beber agua a menudo ayuda, y conviene no esperar a tener sed, porque esa sensación puede aparecer tarde y ser ya una señal de deshidratación. Dejar botellas a la vista en distintas habitaciones también sirve: cuando el agua está cerca, toda la familia suele beber más.
Bajar persianas y correr cortinas durante las horas centrales del día también cuenta, porque así se frena la radiación solar directa y la casa se calienta menos por dentro. Luego, a primera hora de la mañana y por la noche, cuando la temperatura exterior cae, abrir para ventilar permite renovar el aire sin meter más calor del necesario.
La ropa importa. Lo más útil suele ser llevar prendas claras, holgadas y transpirables; tejidos como el algodón dejan pasar mejor el aire y ayudan a reflejar la luz del sol.
Otra medida práctica es no cocinar con horno o fogones en las horas de más calor. Es mejor tirar de comidas frías o dejar la cocina para la noche. También conviene bajar el ritmo físico entre las 10.00 y las 16.00, que suele ser la franja más dura del día.
Las duchas templadas o los paños húmedos ayudan a bajar la temperatura corporal sin provocar un contraste brusco. Y apagar televisores, ordenadores, luces intensas y otros electrodomésticos cuando no se están usando evita que una habitación se recaliente más de lo que parece. Si el episodio es extremo, dormir en el cuarto más fresco de la casa, aunque toque cambiar temporalmente de habitación, puede mejorar mucho el descanso.
Y no es exageración. En los últimos años se han ido encadenando récords nacionales de calor en decenas de países y, según la NASA, 2025 fue el tercer año más cálido jamás registrado, solo por detrás de 2024 y 2023. La propia NASA habla de evidencia inequívoca de que la Tierra se está calentando a un ritmo sin precedentes.
Por eso una ola de calor ya no puede verse solo como una molestia estacional. Es, cada vez más, un problema serio de salud pública. Las temperaturas altas disparan el riesgo de deshidratación, agotamiento por calor y golpe de calor, y el peligro crece en niños pequeños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. Hay señales que conviene vigilar de cerca: mareo, dolor de cabeza, debilidad, náuseas, piel muy caliente y confusión. Si los síntomas son intensos o van a más, hay que buscar atención médica cuanto antes.
Cuando una vivienda no tiene aire acondicionado, o simplemente no consigue mantenerse en una temperatura segura, toca buscar un lugar fresco fuera: refugios climáticos, bibliotecas, centros comerciales u otros espacios públicos climatizados. Porque aquí no se habla de un detalle menor. Una vivienda privada sin ventilación o refrigeración adecuadas puede volverse peligrosa, y pasar unas horas en un sitio más fresco puede ser una medida de protección esencial.