Wraiths of the Broken Land, aquel western perdido que 20th Century Fox anunció en 2016 con la idea de volver a juntar al director Ridley Scott y al guionista Drew Goddard después de The Martian, nunca salió realmente de la fase de desarrollo.
Visto sobre el papel, era una anomalía de las buenas dentro del engranaje de los grandes estudios: un western sucio, brutal, con un fondo casi de pesadilla, de esos proyectos que costaba quitarse de la cabeza.
El anuncio llegó en 2016, cuando 20th Century Fox se hizo con los derechos de la novela del mismo título de S. Craig Zahler, publicada en 2013.
La intención era repetir la alianza entre Ridley Scott y Drew Goddard, solo que esta vez con una propuesta bastante más dura y extrema que la ciencia ficción luminosa de su trabajo anterior juntos.
Más en concreto, Wraiths of the Broken Land se presentaba, según la información que circuló entonces sobre la película, como un western de venganza ultraviolento, con toques de noir, de horror y con un grado de brutalidad poco habitual en una producción grande de estudio.
La historia transcurre cerca de la frontera con México, a comienzos del siglo XX, y sigue a un grupo de hombres que emprende una misión de rescate después de que sus hermanas sean secuestradas y obligadas a prostituirse.
Ese punto de partida ya dejaba bastante claro que no iba a ser una película cómoda, ni tampoco una apuesta especialmente comercial.
Y el problema no era solo el tono.
La novela original tampoco se prestaba a una adaptación sencilla, y el propio S. Craig Zahler, autor del libro y también director de Bone Tomahawk, llegó a plantearse llevarla él mismo a la pantalla.
Aun así, el propio Zahler admitió que la historia era demasiado grande y ambiciosa como para meterla en una sola película sin hacer recortes importantes.
Ese dato, por sí solo, ya ayuda a entender por qué el desarrollo pudo quedarse atascado.
Varias informaciones publicadas en aquella época apuntaban a posibles diferencias sobre cuánto había que respetar del libro y cuánto convenía simplificar para convertirlo en una película viable. A esas complicaciones creativas se sumaba además la agenda de Ridley Scott, que enlaza proyectos a una velocidad rara incluso para los estándares de Hollywood.
El contexto industrial que vino después tampoco jugó a favor.
La absorción de 21st Century Fox por parte de Disney cambió el orden de prioridades, y en ese movimiento muchos proyectos adultos o más arriesgados fueron perdiendo fuerza.
Lo curioso es que ni Ridley Scott ni Drew Goddard han dado demasiadas explicaciones públicas y concretas sobre el motivo por el que la película terminó enfriándose.
Desde entonces, Ridley Scott siguió con All the Money in the World, The Last Duel, House of Gucci y Napoleon, mientras Drew Goddard continuó vinculado a proyectos de peso como Project Hail Mary y una nueva entrega de Matrix.
Al final, quedó como uno de esos “qué habría pasado si” especialmente llamativos para quienes siguen de cerca la carrera del director.
A día de hoy, no está claro si Wraiths of the Broken Land llegará a retomarse alguna vez.