Cuando se habla del punto más alto de The X-Files, y también de su cara más turbia, siempre termina apareciendo el mismo nombre: “Home”. El episodio de la serie creada por Chris Carter sigue ocupando ese lugar. Casi 30 años después de su estreno, este capítulo de la temporada 4 todavía destaca en la memoria de fans y crítica, incluso en una serie que dejó una colección larguísima de casos inolvidables.
Se emitió por primera vez el 11 de octubre de 1996, como el segundo episodio de la cuarta temporada. Lo escribieron Glen Morgan y James Wong, y lo dirigió Kim Manners. Con el paso del tiempo fue ganándose una fama muy concreta entre seguidores y críticos: la de ser no solo uno de los mejores episodios autoconclusivos de The X-Files, sino también uno de los relatos de horror más duros que haya pasado por una gran cadena de televisión en Estados Unidos.
Y la razón de que golpee tan fuerte es bastante simple: aquí no hay aliens, no hay fantasmas, no hay nada sobrenatural.
Fox Mulder y Dana Scully llegan a Home, Pennsylvania, después de que unos niños encuentren enterrado el cadáver de un bebé con graves deformidades. A partir de ahí, la investigación los lleva hasta los Peacock, una familia aislada formada por tres hermanos violentos y marcada por generaciones de endogamia. Que todo esté planteado desde un lugar completamente terrenal vuelve el episodio todavía más incómodo.
“Home” no se apoya en lo paranormal para dar miedo. Lo hace a partir de cosas reales, y por eso mismo perturbadoras: infanticidio, aislamiento familiar, violencia extrema, la degradación de una comunidad apartada del resto del mundo. Para muchos fans, ahí está su verdadera fuerza. Asusta justamente porque uno puede imaginar que algo así podría existir.
Su mala fama empezó desde la primera emisión. Fue el único episodio de la etapa original de The X-Files que recibió la clasificación TV-MA y también el primero que se emitió con advertencia por su contenido, según consta en su pase original en Fox. La cadena, de hecho, optó por no reponerlo durante tres años.
Aun así, el morbo y la curiosidad acabaron jugando a su favor. El estreno reunió a unos 18,85 millones de espectadores, de acuerdo con los datos de audiencia de la época, una cifra enorme que lo convirtió enseguida en tema de conversación. Buena parte de esa notoriedad venía de sus imágenes gráficas, de la represalia brutal que desata la familia Peacock cuando Mulder y Scully entran en su casa, y de ese tono enfermizo en el que chocan la imaginería de la América rural, las casas impecables, el pueblo pequeño y la canción “Wonderful! Wonderful!”, creando un contraste escalofriante entre lo cotidiano y lo monstruoso.
La reacción inicial fue dividida. Muchas reseñas de entonces elogiaron el guion, la dirección y la manera en que el capítulo empujaba a The X-Files hacia un terreno más crudo. Otras, en cambio, cargaron contra lo que veían como una violencia excesiva. Con los años, de todos modos, dejó de ser una rareza polémica para convertirse en un clásico que ya casi nadie discute.
Hoy aparece una y otra vez en listas retrospectivas y rankings del género, tanto entre los mejores episodios de la serie como entre los grandes hitos del terror televisivo. También suele citarse como una prueba temprana de hasta dónde podía llevar una serie en abierto su narrativa de horror. Parte de su fuerza sale de las lecturas que admite: la historia tomó inspiración, al menos en parte, del documental Brother’s Keeper y de una anécdota contada en la autobiografía de Charlie Chaplin, influencias que suelen asociarse al episodio. Además, se ha leído como una crítica feroz al ideal del pequeño pueblo estadounidense, al aislamiento rural y al choque entre tradición y modernidad. Tres décadas después, “Home” sigue funcionando por la misma razón por la que escandalizó en 1996: no necesita monstruos para quedarse grabado.