Hace ya dos décadas, el público del Festival de Sundance se quedó clavado en sus asientos tras la proyección de una película que no muchos esperaban que se convertiría en un fenómeno del terror. Saw, la obra debut de un joven director australiano llamado James Wan, no solo revitalizó el género de terror en un momento en el que parecía estancado, sino que introdujo un nuevo subgénero: el torture porn.
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Suscríbete (es GRATIS) ►Veinte años después, la saga Saw sigue siendo una de las más longevas, brutales e icónicas del cine, y su impacto en la cultura pop aún resuena en cada nuevo título de terror que busca retorcer los límites de lo soportable. Hoy celebramos el vigésimo aniversario de un fenómeno que partió de la tortura más sangrienta para clavarse en los ojos de todo tipo de espectadores.
Saw cumple dos décadas
Cuando Saw llegó a los cines, lo hizo con una premisa simple pero ingeniosa: dos hombres, Adam (Leigh Whannell) y el Dr. Lawrence Gordon (Cary Elwes), despiertan encadenados en una habitación sucia y oscura. Entre ellos, un cadáver yace en un charco de sangre. Poco a poco descubren que son las víctimas más recientes de un macabro asesino conocido como Jigsaw, quien no mata directamente a sus víctimas, sino que las somete a juegos sádicos en los que deben decidir si mutilarse, torturarse o enfrentarse a sus peores miedos para sobrevivir.
Jigsaw, cuyo verdadero nombre es John Kramer —interpretado por Tobin Bell en una actuación que ya es historia del cine—, se reveló como uno de los villanos más complejos y filosóficos del género. A diferencia de otros asesinos en serie del cine, Kramer no veía sus trampas como simples actos de crueldad; su retorcida moralidad le llevaba a creer que estaba ofreciendo una segunda oportunidad a personas que no valoraban sus vidas.

Este enfoque original lo separó pronto de monstruos icónicos como Freddy Krueger o Jason Voorhees, quienes mataban por placer o venganza, y lo situó en un territorio psicológico, donde sus víctimas se veían forzadas a enfrentar sus fallos y arrepentimientos a través de la violencia más extrema.
Rodada con un presupuesto modesto de 1.2 millones de dólares, Saw se convirtió rápidamente en un fenómeno de taquilla, recaudando más de 100 millones en todo el mundo. Pero su éxito no solo fue el reflejo de un público ávido por historias más oscuras y perturbadoras, sino también de una narrativa intrigante y giros sorprendentes que mantenían a los espectadores al borde de sus asientos hasta el final.

A partir de ese primer fenómeno que llegó a impactar en la cultura pop de una forma que ni siquiera James Wan esperaba, se comenzaron a llevar a cabo secuelas y todo tipo de ficciones derivadas de la franquicia. Hoy día, es una de las sagas más influyentes del cine reciente, y ya es un hito único en la historia del terror.