Las sitcoms clásicas de Estados Unidos todavía le plantan cara, y sin complejos, a muchas series nuevas tanto en la televisión tradicional como en el streaming. La ventaja salta bastante a la vista: chistes que siguen entrando bien, personajes que se identifican al instante y una capacidad de revisionado que muchas producciones actuales todavía no han logrado igualar. Los datos recientes de audiencia van en esa misma dirección: viejas comedias de situación estadounidenses siguen reuniendo a millones de espectadores, impulsadas a la vez por fans de siempre y por gente más joven que las está descubriendo ahora.
Hay un caso especialmente claro. El especial Everybody Loves Raymond: 30th Anniversary Reunion reunió a 6,32 millones de espectadores, según las cifras de audiencia, y acabó siendo el especial de entretenimiento en prime time más visto de toda su temporada. Y no se queda ahí. Everybody Loves Raymond aparece con frecuencia entre los títulos más reproducidos de Paramount+ en Estados Unidos, así que su fuerza va bastante más lejos que un simple golpe de nostalgia.
Con The Golden Girls pasa algo parecido. Décadas después de su estreno, la serie sigue despertando una demanda llamativa. Tras la muerte de Betty White, los espectadores reprodujeron 180 episodios durante 384 millones de minutos en Hulu en una sola semana, según Nielsen.
Eso bastó para meter a The Golden Girls en el Top 10 de Nielsen entre los contenidos adquiridos más vistos en streaming.
No son excepciones contadas. Estas series siguen rindiendo mejor que muchas comedias nuevas porque le dan a las plataformas algo muy valioso: una audiencia estable, episodios fáciles de ver y esa familiaridad que invita a encadenar uno detrás de otro.
Los especialistas en consumo televisivo llevan años hablando del peso del comfort viewing, o visionado reconfortante. Las comedias conocidas ofrecen previsibilidad, recuerdos agradables y cierta sensación de refugio emocional. Según esos especialistas, ese comportamiento se hizo todavía más fuerte durante la pandemia de COVID-19, cuando muchos espectadores prefirieron buscar contenidos reconfortantes antes que propuestas más densas o más exigentes.
Y luego están los guiones, que también cuentan mucho. Muchas sitcoms clásicas se sostienen sobre relaciones familiares, amistades y situaciones cotidianas que envejecen bastante mejor que el humor pegado a referencias culturales pasajeras.
Cuando el chiste sale de cómo son los personajes, y no solo del momento en que se escribió, la serie tiene muchas más posibilidades de aguantar el paso del tiempo.
Además, el público no se concentra en una sola edad. Los baby boomers siguen volviendo a los títulos de su época, sí, pero la demanda también viene de la Generación X, de los millennials e incluso de espectadores más jóvenes.
Series como The Fresh Prince of Bel-Air dejan claro que el catálogo clásico puede pasar de una generación a otra sin perder relevancia. Por eso cadenas y plataformas han multiplicado los reencuentros del reparto, los especiales de aniversario y los eventos nostálgicos: sirven para reactivar comunidades de fans que ya estaban ahí y, al mismo tiempo, poner estos títulos delante de usuarios nuevos. Aun así, buena parte de la atención sigue concentrada en las sitcoms populares de Estados Unidos, mientras las comedias clásicas internacionales y las diferencias de respuesta entre distintos grupos raciales y étnicos apenas reciben el mismo foco.