El motor gráfico Creation Engine de Bethesda, utilizado durante décadas en franquicias icónicas como The Elder Scrolls y Fallout, enfrenta fuertes críticas por sus constantes pantallas de carga, limitaciones técnicas y una rigidez que impide la prometida innovación en los nuevos títulos. Este debate resurge con la anticipación de futuros lanzamientos como Fallout 5 y The Elder Scrolls VI.
Sería un cambio necesario
Dean Carter, líder del proyecto Fallout: London, se ha pronunciado sobre la necesidad de que Bethesda considere abandonar el Creation Engine. En declaraciones recientes, expresó su preocupación por la permanencia de un motor que ha mostrado su antigüedad y que, según él, limita el potencial creativo. “Puede ser mejor, sí, pero no es un mal motor; aunque creo que ya empieza a mostrar su edad”, comentó Carter, sugiriendo que una renovación del sistema podría facilitar la implementación de nuevas mecánicas, como la conducción de vehículos.
Las críticas al Creation Engine se centran en la mala optimización de los juegos recientes, lo que afecta directamente la experiencia del jugador. Carter enfatizó que eliminar las pantallas de carga y mejorar la optimización deberían ser prioridades si Bethesda opta por un motor más moderno. Sin embargo, cambiar de motor no es una decisión simple. Veteranos del estudio han mencionado que el Creation Engine es fundamental para aspectos clave de sus juegos, lo que implicaría un arduo proceso de adaptación y formación del personal que podría ralentizar el desarrollo.
Aunque la reciente actualización a Creation Engine 2 trajo mejoras notables en Starfield, muchos jugadores consideran que los problemas históricos persisten. Con la presión de cumplir con las expectativas de los aficionados, el futuro de Fallout 5 se presenta incierto; ¿podrá Bethesda aprovechar el potencial del Creation Engine sin comprometer la esencia de sus franquicias, o se verá obligada a realizar un cambio drástico? Este dilema sigue en el aire, marcando una era crítica para la compañía.